///Señoras y señores, una vez más, reeditado y remasterizado, uno de mis primeros cuentos. Titulado desde el principio "El Circo", y creo que así debe seguir llamándose. Se lo debo al Musicolor, un campamento que sin duda nos cambió un poco a todos, y del que aún conservo a magníficas personas que me enseñaron valiosas lecciones. Espero que lo disfrutéis tanto como disfruté yo escribiéndolo///
EL CIRCO
Con
gran expectación ansiaban todos su llegada. El famoso e inquietante Circo
dirigido por El Gran Mago. Un tanto especial, eso decían. Sus actuaciones solo
tenían lugar una vez en cada lugar que visitaban, y solo poseía una pequeña
caravana que transportase todo enser necesario, pero, sin embargo, quienes
habían tenido el privilegio de asistir a sus espectáculos, afirmaban que aquel
circo era hogar y cuna de los más
grandes acróbatas, músicos y bailarines que habían pisado la tierra. Tales
eran los prodigios que se contaban del misterioso circo, que cuando arribó al
pequeño pueblo, nadie quería perdérselo. Se montó una gran carpa, pero,
aparentemente, los terrenos estaban vacíos y no se veía a los artistas ni sus
camerinos por ningún lado.
Al
fin, llegó el esperado día. La música empezó a sonar, las luces se apagaron y
los focos iluminaron el centro de la pista donde apareció entre nubes de humo y
gritos de asombro El Gran Mago. Con su penetrante voz anunció:
-¡Damas
y caballeros! ¡Tengo el placer de presentaros esta noche, con todos ustedes, a
los más maravillosos artistas del mundo, de este país, de esta región…de este
pueblo!
El
público quedó extrañado. Jamás habían oído que de aquel pueblo hubiesen salido
tales artistas, y se miraban unos a otros, aturdidos. Pero el mago continuó:
-Esta
noche, ustedes se convertirán en los más grandes acróbatas, malabaristas,
músicos y payasos que hayan existido nunca, ¡y yo les demostraré que es posible!-y,
bajando la voz con tono misterioso añadió- Queridos espectadores, ¿creen
ustedes en la magia?
El
público, boquiabierto, pero pensando que se trataría del tipo de trucos que
solo los grandes magos saben hacer, respondió con un ruidoso y entusiasta
“¡SIIIIII!”. Entonces
el mago levantó la varita al tiempo que la luz y la música bajaban y preguntó:
-¿Quiénes
de ustedes saben hacer malabares?
Al
principio no respondió nadie, pero poco a poco se fueron levantando tímidas
manos, que, movidas por la curiosidad, formaron un pequeño grupo al que el mago
hizo bajar a pista con un cálido aplauso. El
mago entregó distintos juegos de malabares a cada uno de los desconcertados
pero entusiasmados voluntarios. Finalmente les miró a todos y pronunció con esa
voz que solo saben poner los magos:
mas
increíbles jamás vistos…
La
potente luz de los focos. La emocionante música y el redoble de los tambores.
El público expectante y la melosa voz del mago contando hasta tres… Una…
dos… y… ¡tres!
En
ese instante, la pista se convirtió en un espectáculo de color y movimiento
vibrante. Las pelotas caían una tras otra al tiempo que las mazas daban vueltas
rítmicamente en el aire mientras las colas de las cariocas llenaban cada hueco
del espacio entre el resto de los malabares. Cada instrumento tenía su
movimiento propio, pero en conjunto formaban una armoniosa y emocionante
composición que encandiló al público. Se preguntaban atónitos, como lo habrían
conseguido, ¿realmente había sido magia?
Finalmente,
la nota final de música coincidiendo con el último resquicio de movimiento
desató una furia de aplausos. El mago chasqueó los dedos y dijo a sus
artistas que podían volver a sus asientos, no sin antes insistirles en que saludaran
al público.
-¡Damas
y caballeros! Acaban de presenciar a los mejores malabaristas y ahora daremos
paso a nuestros expertos acróbatas y bailarines- y volvió a formular su
inquietante pregunta- ¿Quiénes de ustedes saben mover su cuerpo, saltar, dar
volteretas, bailar y hacer cualquier cabriola imaginable?
Esta
vez un gran número de gente, incluyendo algunos de los anteriores participantes
se animaron a salir a pista y dejar que el mago les hechizara de nuevo, para
convertirles sin duda, en los mejores. Y
otra vez, a las palabras del mago y el ritmo de la música, cada cual comenzó a
hacer lo que mejor dominaba. Concurrieron en el mismo espacio saltos y
acrobacias, breackdance, contorsionistas y hasta algún paso de tango, todos al
son de una música que parecía adecuada para cada una de las actividades que
allí acontecían, por muy dispares que estas fuesen. Y
aunque completamente diferentes, fue increíblemente armoniosa aquella
demostración de movimiento, lento y rápido, complejo y sencillo, joven o
anciano. Daba lo mismo. Era igual de hechizante como la primera actuación, y en
lo que parecieron unos breves instantes se encontró el público gritando y
aplaudiendo con fuerza a los entregados artistas.
Una
vez más, el mago dijo a los acróbatas
que podían sentarse y esta vez preguntó por personas atrevidas, desvergonzadas,
juguetonas y sobre todo muy divertidas. Esta vez no se levantaron tantos
voluntarios, pero los suficientes para continuar el espectáculo. Repartió entre
ellos unas narices rojas, pelucas, vestimentas de colores y zapatos enormes.
Finalmente les dio unas ceras de colores, y tras recitar una nueva retahíla de
palabras mágicas echó a correr entre el público y gritó:- ¡Sálvese quien pueda!
¡los payasos locos quieren pintarnos a todos!. Rápidamente,
todo el mundo captó el juego, y lo que sucedió a continuación fue una locura en
que el público corría por la pista y las gradas perseguido torpemente por el
grupo de payasos que pintaban con las ceras a todo el que tuvieran a su
alcance. Un pilla-pilla interminable y
terriblemente divertido en el que todo el mundo participó, mientras decoraba la
escena una alegre música. Al cabo de un buen rato de risas, gritos y mucha
pintura por todas partes, el mago logró poner orden lanzando un chorro de agua
a quien no volviera a su sitio rápidamente. Una vez en su lugar, aún con restos
de pintura y una sonrisa en la cara, el público esperaba expectante la última
actuación.
El
mago preguntó por músicos, virtuosos o aficionados, y esta vez casi todo el
mundo quiso salir a escena mientras el mago repartía el instrumento
correspondiente a cada persona. Una vez estuvo todo preparado, el mago se
aclaró la garganta y anunció con voz solemne:
-Queridos
amigos, como número final para esta noche, tenemos a la orquesta de la vida,
quizás la más completa y profesional del mundo. Yo seré su director, y créanme
cuando les digo que se darán con ella la guinda del pastel que esta noche
tienen la suerte de degustar.
El
silencio fue expectante, nadie quería perder un detalle. El
mago se colocó al frente de su curiosa y variopinta orquesta en la que
concurrían trombones y guitarras, tambores con violines y un sinfín de
instrumentos, mas sencillos o mas complejos. Golpeó
su varita sobre un atril imaginario y pronunció:
que
la mejor orquesta del mundo
Y
entonces, un enorme estallido de sonido inundó todo el circo. Rápido, fuerte y
firme, cada instrumento en armonía con el resto, siguiendo fielmente las
efímeras indicaciones del mago y su barita, sin mas partitura ni ensayo que la
magia que se apoderaba de todos en ese instante. Todos al unísono y con
seguridad. Nadie lo habría creído posible, pero ante los ojos del asombradísimo
público estaba sucediendo.
Tras
la potente melodía inicial, se fueron sucediendo una serie de movimientos mas
lentos que podrían haber enternecido hasta al mas duro. Con cada nota se
contaba una historia diferente, y cada instrumento lo interpretaba con su
sonido. A veces la melodía se tornaba triste y melancólica, y volvía pasar de
alegre y animada, hasta convertirse en una apasionada sonata. Hubo momentos de
tensión e ira, en que los instrumentos parecían a punto de estallar, y sonidos
que recordaban a otros tiempos, a otros lugares…
En
el punto cúspide de la actuación, la orquesta quedó en silencio un
instante, y acto seguido volvió a
estallar en una nota final y triunfante, desatando una lluvia de aplausos y
gritos como no se había visto esa noche, mientras llovían, no se sabía muy bien
de donde, pétalos de rosa y confeti sobre los emocionados artistas. Aquella fue
una noche memorable para algunos e inolvidable para todos. Los músicos no
pararon de saludar mientras los vítores continuaron.
La
niña vuelve a mirar el cartel que anuncia el espectáculo de la pasada noche. El
circo se marchará en breve y ya no volverá nunca. Una
silueta ensombrece el cartel de espaldas a la niña. Se vuelve y allí está el
gran mago, observándola con una sonrisa.
-Fue
maravilloso el espectáculo de anoche.-dijo la niña
-Gracias
pequeña, a propósito, no recuerdo haberte visto salir a pista…
-Ya… pero señor, yo no sé hacer nada, si hubiese
salido habría echado a perder el espectáculo…
-¿Cómo
estás tan segura? Si nunca lo has intentado es imposible que descubras tus
grandes cualidades.- Respondió el mago con una sonrisa
-Ese
es el problema, lo he intentado todo y no logro destacar en nada…
La
niña parecía apenada. Al mago no le gusta ver a sus queridos espectadores
tristes después del espectáculo.
-No
siempre hace falta ser un experto en algo para poder hacerlo, posiblemente
muchos de los voluntarios que salieron anoche no lo sabían hacer mejor que tú…
-Quizás,-respondió
la niña- pero yo no lo sabía, además me daba vergüenza equivocarme y que todos
me mirasen y se riesen de mí…-la niña prosiguió al borde de las lágrimas.- Ya
da igual, he perdido la oportunidad, el circo ya no volverá mas a este pueblo…
-Pequeña,
-dijo el mago- a lo largo de mi vida he aprendido muchas cosas, pero una de
las más importantes ha sido aprender a luchar por mis objetivos, por mis
sueños, por muy irreales y fantasiosos que sean. Si no lo intentamos nunca,
jamás sabremos si somos capaces de conseguirlo.
No debes rendirte por haber perdido una oportunidad de demostrarte a ti
misma lo que vales, de hecho, es posible que ni siquiera esté perdida del todo. No
olvides jamás mis palabras, pero sobre todo, no olvides nunca lo que viste
anoche, porque anoche pudiste contemplar todos los sueños de los habitantes de
tu pueblo volando al mismo tiempo. Anoche todos se sintieron por una vez los
mejores artistas del mundo, y de hecho, lo fueron, porque llenaron por un
momento su vida de ilusión y valentía, y se sintieron capaces de superarse a sí
mismos, de ser los mejores. Tú, aunque
no actuaste, no dejarás de ser la mejor en algo que puede que aún no hayas
descubierto, pero no te preocupes, solo te hace falta encontrarlo. Y tienes todo el tiempo de tu
vida para hacerlo.-Diciendo esto, el mago se dio la vuelta y añadió- Si me
disculpas, tengo mucho trabajo, debo partir mañana…
El
mago comenzaba a marcharse cuando la niña le detuvo.
-Señor,
hay algo mas que quiero preguntarle.
-¿Realmente
hechizaste a toda esa gente para que actuara tan bien?
-Te
voy a hacer yo otra pregunta pequeña, ¿Crees en la magia?
Tras
titubear un poco, la niña respondió:
-Pues
entonces, probablemente algo de magia tuvo que haber, pero recuerda que todos
somos un poco magos, así que no es tan extraño. Solo hay que saber sacar la
magia que uno tiene dentro.
Y
dicho esto, se marchó sin volver a ser visto.
El
sonido de la televisión y el calor del mediodía me adormecían, pero al final
pude terminar de recordar sus palabras que tan útiles me habían sido. Ojalá
algún día él pueda leerlo, y quizás se acuerde de mí. Esté donde esté.Mañana
enviaré el borrador a la editorial. Espero que tenga tanto éxito como los
anteriores, me haría especial ilusión.
Quiero
que le conozcan. Quiero que sepan que, gracias a él, estoy aquí y he logrado
encontrar mi magia, que quizás no se encontraba en ese circo aquella noche.
Solo me hizo falta buscarla en otro lado. En un humilde lápiz. Y por supuesto,
intentarlo.