lunes, 22 de diciembre de 2014

Otro balance de 2014 (prematuro)

Y es que, a escasos días de que termine este año, ya me ha acuciado la necesidad de escribir otra vez. Y hay que dejar salir a las musas o a los demonios, según se preste el día.

2014 comenzó en lo más alto de la más alta torre. En la cúspide de la grandeza idílica de mi existencia. El 1 de Enero de 2014 yo era inmortal, indestructible e imparable. Flotaba por el cielo como una diosa sabedora de su poder. Cada cosa pequeña parecía enorme y gloriosa. La vida entre Murcia y Porto hoy me parece un sueño magnífico del que no querría haber despertado. La intensidad de los sentimientos, el contexto creativo y la libertad, sobre todo la libertad, se me antojan ecos de una vida que casi no me creo haber merecido. Las personas, tal y como eran en aquella foto de fiesta de nochevieja, vestidos de gala, con grandes sonrisas en la boca, deberían haberse quedado petrificados en el tiempo, tal cual, para que ese instante de enormidad nunca hubiera desaparecido. Pero inevitablemente el calendario prosiguió su avance, y luego llegaron la primavera y las despedidas. Esas despedidas de "hasta pronto", que algunas se cumplieron, otras están por cumplir y la mayoría nunca sucederán. Hasta que por fin amaneció el verano. Ese absolutamente grandioso verano en el que por fin me sentí que estaba haciendo las cosas como verdaderamente quería, y como buenamente podía. Esos casi tres meses infinitos y rebosantes de experiencias e ilusión. Ese avistamiento fugaz de un futuro radiante y lleno de posibilidades. Esas ganas de comerme el mundo junto a aquellos a quienes creía no perder jamás. Y entonces llegó el otoño, y la realidad me sacudió con toda la fuerza que solo ella sabe dar a quienes pecan de soñadores. Él me trajo una rutina que ya quedaba muy lejana, de las que se arrastran como caracoles bajo la tormenta. Una rutina que me viene consumiendo despacio, y va hundiendo cada paso que intento avanzar en un repulsivo lodo, que ralentiza el tiempo y arruga mis manos. Y es en este dantesco viaje de las cumbres del Olimpo a las lodosas cloacas del inframundo, en que me he dado cuenta de esas cosas que suelen decirnos los mayores, que nosotros preferimos ignorar. Ya sea por vanidad, o simplemente por despreocupación, nunca vamos a hacer ni puto caso. Porque las experiencias no se sienten en la piel ajena. Y porque cada uno tiene su culo, y cada culo tiene su particular ojete con el que mira la vida desde su particular y única perspectiva de ojete.

Supongo que una vez has descendido a lo más hondo de la mierda de tu propio ojete, solo cabe ir subiendo peldaños. ¿Pero y si...? El miedo sigue por ahí acechando desde su rincón de siempre. Habrá que ser precavido. O impulsivo. O ambas cosas. Habrá que iniciar nuevos viajes, y mejor no quedarse quieto. Eso es lo que querría el miedo. No le voy a dar ese placer, no todavía. Que venga el 2015, le estaré esperando con los ojos abiertos.

Dibujo realizado por mí (Irene Álvarez). Todos los derechos reservados

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Las generaciones ¿perdidas?

Voy caminando por la calle con mi perro Riki, del que ya os he hablado en alguna ocasión, y que apenas me llega a la mitad del gemelo, éste atado con la correa y caminando junto a mi. Son las dos de la tarde, hora de salir del colegio los niños, y me doy cuenta de un suceso curioso. Los niños con los que me cruzo por la acera, a menudo se apartan del camino del perro, o a lo peor los aparta su madre, que ha venido a recogerles del cole y que miran con cierto recelo al animal que se interponía en el camino de sus retoños. Giro una esquina y me encuentro casi por sorpresa con otro niño y su madre, que asustado, da un brinco al verse tan cerca de semejante bestia peluda.
Y de esta forma viene a mi mente la idea de (d)escribir acerca de estas nuevísimas generaciones casi salidas del cascarón, en las que tan poco me he fijado y que, sin embargo, tan cruciales son. Y no solo pasan desapercibidas para mi, cosa que es normal, ya que actualmente no tengo ningún contacto habitual con niños de entre 3 y 10 años, sino también para numerosos colectivos que exaltan, entre otras cosas, la igualdad de género, la eficacia educativa y otras tantas reivindicaciones que nos aluden a todos, pero en los que se olvidan de las verdaderas víctimas, a mi parecer, de todo esto. Los niños.

El simple hecho de mirar un rato un canal infantil como puede ser Disney Channel, ya haría a cualquier persona feminista tirarse de los pelos al ver las bombas sexistas que les lanzan a esas pequeñas y maleables mentes. Cualquiera que piense que vivimos en una sociedad donde las desigualdades y los roles de género se están difuminando en pos de una existencia igualitaria para hombres y mujeres, cualquiera que aún sostenga que el feminismo dejó de ser necesario en el momento en que empezamos a ser conscientes de nosotras mismas, es que nunca ha visto Disney Channel. Ese canal es casi como un anticristo de la educación en valores de igualdad.
Entre sus numerosas y ciertamente absurdas sitcoms infantiles protagonizadas por divas del pop adolescentes con el pelo perfecto, nos encontramos algún que otro programa de minitalentos (de los cuales ya despotricaré en otra ocasión), películas clásicas de la firma disney (en mi opinión lo único que salva este canal) y, aquí viene la bomba, anuncios. Anuncios de juguetes. Anuncios de cosas rosas y con purpulina para niñas, y anuncios de cosas azules y con rayos para niños.

Y direis, oh, que tiene de terrible eso, yo me he criado con esos anuncios. Ya, y yo también. Lo que me resulta aterrador no es que yo me haya criado con esos anuncios hiperrecargados de purpulina y princesas de cuento de hadas. Es que esos anuncios son exactamente los mismos que los que ven los niños de hoy en dia, los niños de la generación tablet, los niños que les tienen miedo a los perros, los niños que, cuando tengan mi edad, pensarán con resignación que su infancia giró en torno a una educación sexualizada, al igual que la mia, y que la de mi madre y posiblemente la de mi abuela.

Nada está cambiando si seguimos criando a los niños como conductores de ferrari y a las niñas como fashionistas. Y no son tópicos, es la pura verdad. Es la verdad que ellos ven en la tele, es la verdad que ellos ven en las tiendas de juguetes, es la verdad que sus padres les transcriben. Y lo que me recome las entrañas es que una parte muy importante de la culpa en todo esto, la tienen los publicistas, los diseñadores de producto, los animadores, los editores de cuentos y un sinfín de creativos más.

¿Por qué las personas que diseñan los anuncios y los objetos para nuestros hijos, siguen las mismas fórmulas caducas que hace 20 años? ¿Por qué la señora que prestó su voz a los anuncios de Barbie de cuando yo era pequeña, sigue repitiendo las mismas palabras? ¿Por qué Barbie es la más fashion? Y por qué en el anuncio del Super T-Rex de imaginex solo salen niños destrozando cosas? ¿Y por qué ese T-Rex tiene esa cara de pocos amigos y sin embargo el dragón rosa de Barbie luce una estupenda sonrisa? ¿Y por qué ese dragón tan amistoso tiene que ser rosa? El rosa es un color estupendo, y es una lástima que esté tan asociado a unos roles de género, hasta el punto de que los niños no quieran al dragón alegre, por ser rosa ¿Y es que acaso a las niñas no les gustan los T-Rex feroces? ¿Es menos feroz un T-rex por ser rosa?

Pero parece que nuestros publicistas se encuentran más cómodos siguiendo las pautas ya establecidas de cajón, y a nuestros diseñadores de producto les importa bien poco que el T-Rex sonría o sea feroz, y luego lo pinten de rosa o de negro. Parece que a los productores de sitcoms infantiles les resulta más atractivo que aparezcan unas chicas de 16 haciéndose pasar por unas de 13, a las cuales se les ha alisado el pelo, para luego rizárselo, para luego volvérselo a alisar, y que despúes interpreten el papel de diva, cursi, indie, incomprendida, super a la última y artista que sueña con Justin Biever y unos zapatos nuevos.

Y tras este cóctel agridulce de realidad y crítica, os invito al debate, ya que opinar sobre estos asuntos siempre da pie a acaloradas discusiones online con las que no siempre me siento cómoda (por eso de los haters y demás fauna silvestre). Pero confío en que mis palabras tengan el calado suficiente como para llevar a la reflexión crítica y al debate civilizado. Cualquier otro comentario al respecto solo tendrá una contestación sensata: LOL U MAD BRO.

Enjoy people.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

Momento ornitológico del día: Zorzal Real

Hola queridos frikiamigos. Con este post quiero dejar clara otra de mis aficiones (frikadas) y ya de paso inaugurar una nueva "sección" en este blog. El maravilloso mundo de la ORNITOLOGÍA.

Para los menos entendidos, me gustan los pájaros. Dicho así no suena tan divertido, pero con esta nueva sección pretendo acercar de manera soportable (aunque sea de lejos) el mundo de los pajaritos y de mi (in)sana afición al resto de mortales que, al contrario que yo, todavía caminan por la tierra sin levantar la vista a nuestros vecinos voladores.

Para empezar, los pájaros en realidad solo son una porción de la basta clase que son las aves. Los pájaros son la forma vulgar de llamar al género de los passeriformes, aka, gorriones, mirlos, cuervos y ya paro, porque creo que he captado tantísimo vuestra atención con estas últimas palabras que no vais a querer que hable de otra cosa nunca más.

Y yendo un poco más al grano, hoy me siento orgullosa de haber realizado una observación realmente interesante. Este pájaro (si, es un paserino) que veis aquí abajo se llama Zorzal Real, (Turdus pilaris) es pariente de nuestros conocidos mirlos, y lo he avistado esta mañana en un parque cercano a mi casa, escondido en un ciprés, mirándome con desconfianza cuando me ha visto con la cámara. Y os preguntaréis por qué es tan fascinante este pequeño bichejo. Pues bien, este pájaro es típico del norte de europa, donde allí es como nuestras merlas murcianas, ruidosas y confiadas. Pero rara vez se le ve tan al sur de europa (ni de Murcia) y mucho menos en zonas tan cálidas y llenas de gente como es el centro de una ciudad. Suele estar en el monte y ser tímido, casi imposible de ver.
Por eso resulta tan curioso haberme encontrado a este animal aquí, porque no es su hábitat, no es su lugar de paso ni de invernación (recordemos que muchas aves emigran), y ni siquiera se va a topar con otros de su especie, así que, ¿Qué estaba haciendo aquí?

Esta es una de las cosas que me gusta de las aves. La mayoría siguen unos patrones de comportamiento típicos de cada especie, como el resto de animales, pero de vez en cuando hay alguna descarriada que no se sabe muy bien por qué, coge un rumbo diferente a sus congéneres, vuela decenas o cientos de kilómetros y termina apareciendo en la otra punta del mundo. Y casos como este no son aislados. Pajarillos estadounidenses cruzan el atlántico y llegan a nuestras costas para terminar muriendo en un lugar para el que no están adaptados y aves que nacieron en el norte de Europa aparecen casi al borde de África, ¿Por qué hacen esto? No podemos saberlo realmente, pero si en mi intento de convertirme en pájaro, consigo aprender a hablar con alguno, sin duda se lo preguntaré

Buenas y ornitológicas noches.




Fotografías realizadas por mi, con una cámara Canon cuyo modelo desconozco, ya que nunca me fijo en esas cosas.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Sobre gilipollas y otras bestias

Ya sabemos que el tema está trillado. Ya sabemos que hay miles de imágenes en internet expresando con poesía y fotos de dudosa procedencia, nuestro desprecio incondicional hacia algunos seres con los que, por desgracia, compartimos existencia.
Ya sabemos que el odio es caca, y que las palabrotas son feas, pero hoy, como excepción, y con perdón de mi mamá (a la cual no le gustan nada las cosas feas) voy a hablar de esa especie que abunda entre nosotros, cada día con más insistencia: los gilipollas.
No voy a ser mala y a decir que todos los gilipollas lo son por las mismas razones y en el mismo grado, eso sería vejatorio y discriminante, y aquí, ante todo, queremos fomentar el respeto y la dignidad.
En lo más alto de la escala de gilipollismo, tendríamos lo que solemos llamar el gilipollas integral. Nada más cruzar las primeras palabras con él, te das cuenta de que emana gilipollez, así que intentas no tocarlo demasiado, por si acaso es contagioso. Una vez lo vas conociendo mejor, confirmas sin lugar a dudas que es gilipollas, y no existe remedio ni cura. Pero lo mejor llega cuando ya adquieres un cierto grado de confianza, entonces es cuando empiezas a considerar hacer un estudio científico acerca de la gilipollez, sus grados de intensidad, sus consecuencias, y sus (improbables) curas.
Y así, queridos lectores, es como me encamino a describir al gilipollas ignorante. Pensamos que la mayoría de gilipollas ignoran su propia condición de gilipollas, gran error. El gilipollas integral ya está acostumbrado a que el resto de mortales le tachen de gilipollas, así que es normal que comience a olerse algo, o incluso que asuma su rol con total naturalidad, creando un ambiente simbiótico y  casi satisfactorio tanto para el propio gilipollas como para quienes tienen que sufrirlo. Pero el gilipollas ignorante es el que vive pensando que el mundo le ama (o al menos le soporta), que la humanidad necesita de su ayuda y sabiduría infinitas, y que, por supuesto, él jamás ha sido ni será, un gilipollas de pata negra. Gran falacia, porque sin duda, esto desencadena en una subespecie casi más terrorífica, y que abunda sobre todo en centros "educativos" y burocráticos. Es el bien conocido, gilipollas pedante. Ese que abre la boca, y ya no hay marcha atrás. De sus labios solo sale una cascada de gilipolleces mezcladas con algún que otro cultismo, que suelen dejar en un estado de confusión mental a quien las escucha, ya que a priori, los estudios superiores o el alto rango social nos hacen pensar inocentemente que nos encontramos frente a alguien libre de gilipollez. El antídoto infalible ante este gilipollas, es saber detectarlo a tiempo, sonreir, asentir, y olvidar lo más rápido posible sus palabras.
Y por último tenemos al más escurridizo de todos, el Gilipollas de incógnito
Esta especie de gilipollas es especialmente peligrosa, porque no lo ves venir. No desprende esa fragancia del gilipollas integral, no habla como un gilipollas pedante, y como tú mismo desconoces su gilipollez, no puede tratarse del gilipollas ignorante. Esta especie de gilipollas es imprevisible, no sabes en qué momento va a desvelarse su condición de gilipollas, se han dado casos de gilipollas de incógnito que han permanecido en el anonimato durante años. La única cura contra este tipo de gilipollas, es la eliminación de raíz de dicho gilipollas en la vida del afectado, cuando se detecten los primeros síntomas de gilipollez.
Con este post, pretendo poner de manifiesto un estudio científico-sociológico exhaustivo que llevo realizando a lo largo de mis (pocos) años de vida, y que, seguramente, habrá que ir ampliando, a medida que se vayan descubriendo nuevas y fascinantes especies de gilipollas. Cualquier aportación a esta incomprendida pero prometedora ciencia será agradecida por la comunidad científica, y por las personas que, como yo, cada día tenemos que lidiar con estos seres, los gilipollas.



Ilustración de Octavio Streitenberger. Su tumblr: http://octstreitenberger.tumblr.com/

domingo, 16 de noviembre de 2014

Manifiesto Mayusculino II

Amig@s y amantes, si os quedasteis con ganas de más, aquí os traigo, en primicia y remasterizado, la segunda parte del Manifiesto Mayusculino, escrito hace mucho, con mucho amor. Disfruten de mi delirio mental.

La Mayusculinidad, muchos me habéis preguntado qué es eso, y algunos a los que he respondido me han mirado con desdén y han arrullado en sus brazos a las reglas ortográficas consonánticas con un aire de conservadurismo de ese del que dan ganas de pegarle un galimatazo. 
Puede que, al fin y al cabo, no haya profundizado lo suficiente en la ESENCIA de la Mayusculinidad. Porque de todos es sabido que la Mayusculinidad es un movimiento libertario de la gramática de la Mayúcula y la minúscula, con objeto de alcanzar el grado de expresión necesaria que necesitamos muchos a la hora de crear mediante las letras, y promotor de la evolución lingüística creativa, véase, la invención de palabras utilizando prefijos ya cultivados, o bien plantando semillas semánticas totalmente nuevas que puedan poner nombre a esas palabras que aún no se saben pronunciar.

Pero amigos, hay más, por encima de las personas que nos miran con desdén y superioridad, o de aquellos que no entienden y que no van a entender nunca, por necios.
La esencia de la Mayusculinidad, señores, es esa necesidad expresiva que lleva a las personas a agujerear el folio con el bolígrafo de rabia porque no ha encontrado las dos palabras adecuadas, o ese momento de paz inmensa que te llena cuando las consigues, y con ellas dices tanto, son tan gordas en su significado personal, que van a reventar de un momento a otro, y te van a salpicar en la cara, y tu vas a sonreir de gozo, y vas a gritar y a saltar sobre un campo de florecillas blancas.

Esa es la esssencia, no lo entendeis? La misma palabra lo dice, lo susurra, lo sugiere entre esa sensual S y esa elegante C. 
Es la necesidad, es esa angustia y esa euforia que se remezclan cuando tienes un lápiz, un teclado, un pincel de cola de gato, un serrucho o cualquier instrumento manual que se precie que te permita liberarte y dejar que salgan los chorros de NECESIDAD que están empujando por escaparse de tu mente, ya sean redondos, escritos, amorfos, tambaleantes, ilegibles, repetitivos. Es tu mayusculinidad en estado puro, es lo que me impulsa tras cada espacio y lo que me excita tras cada intro, al terminar un párrafo.

La mayusculinidad es como los culos. No todo el mundo la tiene. Hay gente que hace caca por otro agujero que les han hecho porque le han extirpado el intestino grueso. Es verídico, me lo contó una amiga enfermera.

Bienaventurados sean los mayusculinos, porque son aquellos que tendrán un intestino grueso sano.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Una serie de desastres no intencionados

Inauguro una nueva "sección" de este blog, y esta vez (por fin) en clave de humor a costa de mi persona. Os voy a contar a modo de microrelatos algunas de las peripecias cotidianas en las que me veo envuelta a menudo, y que ya pedían a gritos un testimonio escrito. Llamémoslo consecuencias de mi desastrismo innato. Espero que os hagan reir.


Lunes. Mediodía. Salgo de casa con intención de comprar el pan y ya de paso pasear a mi perro Riki, como suelo hacer todos los santos días. Después de que mi mascota eche sus correspondientes meaditas, me dirijo a la tienda, dejo a Riki atado con la correa en un objeto de mobiliario urbano que aún a día de hoy no he logrado identificar y entro a comprar el pan. Salgo con dos barras tranquilamente, y me dirijo a casa pensando en qué voy a hacer de comida. Quizás pueda volver a hacer pollo en salsa, si es que queda pollo. Empiezo a sacar la llave del portal cuando me doy cuenta de un pequeño detalle: Riki no está conmigo. Me lo he olvidado en la tienda atado a la cosa rara azul. Vuelvo sobre mis pasos todo lo rápido que puedo mientras se me cae la cara de vergüenza interiormente, rezando por que no me vea ningún vecino en mi descuidada hazaña. Cuando llego a la tienda ahí está Riki, mirándome con cara de abandonado. Lo desato rápido y me alejo de la escena del crimen disimulando el hecho de que "He olvidado a mi perro en una tienda. La gente normal se deja la cartera, o los deberes, o el paraguas. Yo me dejo a mi perro. Si alguna vez tengo hijos, que dios los pille confesados."



Este es Riki


martes, 16 de septiembre de 2014

Decir adiós

Éramos como un perro viejo, y todo terminó como la muerte sin dolor de una dulce eutanasia. Nos fuimos extinguiendo como la vida palpitante se extingue por las venas de este dolorido cuerpo. El final sucedió en un suspiro, solo perceptible por el leve pinchazo que debe producir la muerte, y una lágrima por cada recuerdo que acude a mi mente, como con cuentagotas, despacio pero incesante.
Aún me siento acurrucada, pensando que me despertaré y seguiremos caminando de la mano, sin llegar a comprender qué ha pasado y en qué momento el decaer se volvió irreversible, o si es que en realidad solo retrasábamos algo que tenía que suceder, como una enfermedad que te va matando lentamente. Todavía no me creo a mí misma, pero el dolor me hace saber que hemos hecho lo correcto, y de la mejor manera posible.
Ahora debemos seguir aprendiendo, debemos continuar con la cabeza alta, pero mi negación me dice que esto es solo un paréntesis, una bifurcación de caminos que algún día volverán a encontrarse. Siento como si me hubieran vaciado el pecho con una de esas herramientas para servir helado, y en su lugar se hubiera quedado un hueco de entrañas sangrantes que no parecen ir a cicatrizar.
Valor, muros más grandes cayeron, y seguimos en pie. Era necesario decirlo.
Ilustración de Francisco J. Hernández

domingo, 15 de junio de 2014

Y es aún más necesario...

Para continuar la estela no tan típica de la anterior entrada, ahora si, vamos a ponernos serios.
Volver es siempre una sensación agradable, pero a la vez rara. Después de haber estado tantos meses en una especie de universo paralelo, volver al mismo lugar donde al parecer se detuvo el tiempo en el momento en que te fuiste, es raro. Raro porque al volver, te das cuenta que no eres la misma persona, pero aquellos a los que dejaste aquí parecen no haberlo notado. O quizás es que tampoco eres tan imprescindible.
Pero sienta bien pisar suelo conocido. Y es aún más agradable pensar que cuando vuelvas allí, sentirás esta misma sensación de reencuentro. Porque habrá un reencuentro. O eso quiere hacerme creer mi cabeza, que todavía no asimila que aquella vida sencillamente se haya acabado.
Pensé sinceramente que iba a ser más difícil, que habría lágrimas y abrazos y nomeolvides. Pero es mejor así. Hay que saber despedirse con estilo y brevedad. Creo que el síndrome post-erasmus irá llegando lentamente, cuando empiece a notar que esto no son las vacaciones de navidad, que no habrá un "go back". Aún tengo demasiado frescos todos los recuerdos y las personas, y tengo la sensación de que mañana volveré coger el metro para ir a la ESAD y escucharé a los profesores hablar en portugués, que el lunes veremos juego de tronos con palomitas, y el jueves iremos a Tendinha a tomar una cerveza de tranquis que se convertirá en una noche de fiesta. El sábado iremos al Flea Market, y si hace bueno, a la playa a jugar al Volley. Por la noche oiré pasar a los trenes una y otra vez, y me asomaré a la ventana, que está siempre abierta, a refrescarme con la brisa nocturna.
Pero ahora solo reina el ruido monótono del ventilador sobre un silencio artificial.
La vida me dio la oportunidad de descubrir que existía otro universo, de vivir en él y empaparme de todo lo bueno que tenía, me dio la fuerza para tirarme a una piscina que no sabía si estaría vacía o llena, no sin pasar mucho miedo en el acto. Y al final aquí estoy, en el mismo sitio donde comencé esta aventura y con una especie de resignación-melancolía-optimismo que me da un nosequé que queseyó.
No cambiaría este curso por nada del mundo. Ha merecido la pena, si señor. Y me llevo unos amigos que son de campeonato. De hecho, se merecen un premio por convivir con mi persona, y el desastrismo asociado a ella. No necesito mencionar nombres, ustedes saben quienes son y de qué maneras habéis contribuido a la felicidad oporteña de esta menda.
Solo queda decir, nos volveremos a ver! tened por seguro que así será, este planeta es demasiado pequeño!

Vistas desde la ventana. La estación, la lluvia y el rio

sábado, 14 de junio de 2014

Es necesario...

Después de este año simplemente indescriptible de Erasmus en Porto toca decir adios. Y lo típico sería escribir una emotiva carta nombrando a todos los amigos inolvidables que he hecho, contando anécdotas y experiencias que me han marcado, y por último poniendo unas palabras de aliento-motivación-emoción para culminar con una llantera digna de un neonato.
Y eso es justamente lo que voy a hacer, hoy voy a dejarme llevar por mi lado mainstream y os voy a hacer llorar casi tanto como yo. Es broma.

 "Today, is not the day I cry" 


Y como nuestro amigo Oberyn, seguramente falle estrepitosamente en mi cometido. Pero eso es una historia que os contaré otro día.

domingo, 8 de junio de 2014

En obras

Bueno, pues si estás leyendo esto te habrás dado cuenta que el blog tiene una pinta un poco diferente. De momento estoy en proceso de investigar y probar distintos diseños y algunas locuras de mi cabeza, pero una cosa está clara, "made un Irene" o "made in yo" dejará de ser el nombre de este blog, ya que por fin creo haber encontrado uno con el que me siento del todo a gusto y que, creo, puede recoger bien esta mezcolanza de cosas que escribo. 
Puede que de vez en cuando veáis cosas raras, no os preocupéis, estamos en obras.
Sin prisas.

sábado, 7 de junio de 2014

Hola

En realidad, hoy no vengo a hablaros de amor ni de rabia. Ni de ansiedad, ni de pasión, ni de miedo. Hoy no es de esos días en que me hundo en el pozo de mis miserias, ni de los que estallo en una euforia desmedida. Hoy estoy aquí para hablaros de un abrazo. Un abrazo que todavía no sucedió, pero que siento en mi carne como si ya hubiese pasado y aún no se hubiera detenido. Un abrazo que duraría meses, pero que se pasará en solo unos segundos. Un abrazo que ya me quema, y a la vez me da la paz que necesito. Un abrazo de ansiada calma, de calor infinito. Un abrazo que cuando llegue ya solo será recuerdo. Necesario y distante, uno de esos en que no sabes donde encajar tus brazos por los nervios, pero que cuando encuentran su lugar, parece que debieran quedarse allí eternamente. Un abrazo que casi parece ya vivido, de tantas veces imaginado. Un abrazo, que quizás no sea para tanto.

jueves, 22 de mayo de 2014

En busca del puro acontecer

No os vengais arriba, ese título tan sugerentemente intelectual lo he copiado de algo que acabo de ver en internet, pero que me ha resultado tan inspiradoramente magnánimo que he decidido escribir acerca del susodicho, solo por el mero placer de repetirme esas hermosas palabras. Y es que, desde la perspectiva distorsionada del que anda afectado por los vapores etílicos, ese puro acontecer, ese increíble aquí y ahora se vuelve increíblemente real y tangible, hasta el punto en que escribir una oda al presente es lo mínimo que se puede hacer para mantener vivo el recuerdo efímero de un instante, de un sentimiento, de un estado de ánimo. Es el acontecer silencioso de los segundos lo que hace que nos sintamos realmente vivos. Porque, solo por unos breves instantes en los que te encuentras embriagado por la sinceridad de las palabras, eres realmente libre. Libre de expresar tu yo más infinito, libre de dejar salir todo lo que no está permitido entre personas, libre de ser incoherente hasta el punto de no saber cuando empecé, ni cuando quiero terminar, pero eso es lo hermoso. Esa incoherencia totalmente libre, libre de mi mente racional, libre de mis influencias autoimpuestas, libre de moral, libre de aprendizajes sobre lo políticamente correcto. Quien dice que no conoce la libertad, es que no se sentó frente a un papel en blanco. Crear nos hace libres. Crear con ahínco, crear un arte nuestro e intransferible. Nuestra propia esencia más desconocida, plasmada en un espacio blanco. Es respirar profundo, y sentir que el aire que respiras es tuyo y de nadie más. Que no te pueden privar de ese privilegio. Son las cosas mas pequeñas las que crean las montañas de las que están hechas los sueños más ambiciosos. Es parar y decir, "no me importa a donde voy, simplemente voy disfrutando el camino, voy sintiendo fluir libremente cada palabra que mi evolucionado cerebro provoca. Voy pisando cada segundo pasado con el recuerdo de uno nuevo. Voy escalando montañas de incertidumbre, pero alegre. Despojada de todo miedo, es cuando realmente podemos permitirnos crear limpiamente. Limpiamente en libertad de nuestra propia mente, de nuestras propias cadenas.

domingo, 11 de mayo de 2014

Volver

Volveremos a mirar las nubes
volveremos a ser niños de nuevo
volveremos a ilusionarnos con las cosas pequeñas
y las grandes.
Grandes como nosotros, como el cielo
que se extiende infinito, solo para nuestros ojos.
Volveremos a reirnos y a llorar,
a hacernos cosquillas, a respirarnos
a abrazarnos en el agua
a sentir las caricias del tiempo
sin dejar en nosotros huella.
Volveremos a pasar tardes, y noches
y mañanas, y madrugadas.
Volveremos a brindar con la misma cerveza.

Volveremos y seguiremos.
Pero hasta entonces, 
me basta con aspirar flojito y despacio.
Y saborear cada pizca del tiempo
que nunca será en vano.

miércoles, 2 de abril de 2014

Hoy va de series

Y es que, aunque no suela hacer este tipo de entradas, el esperadísimo final de "Como conocí a vuestra madre" se merece una mención especial, ya sea por la lagrimilla que me ha hecho soltar, por ese controvertido e inesperado final (del que, por supuesto, no os voy a hablar) o ya sea por la cantidad de opiniones que ha suscitado, cada cual mas dispar.
Pero sobre todo, me siento obligada a opinar sobre el tema, porque, de una manera u otra, esos dos puñeteros últimos capítulos me han tocado la patata de una forma en que ninguno otro lo había hecho. Y mira que hay capítulos que me han tocado la patata.
En primer lugar porque de repente descontextualiza a nuestros queridos personajes de todo a lo que estábamos acostumbrados, y nos jode. Porque nosotros somos ellos. En cada capítulo de sus peripecias nos veíamos reflejados. En sus borracheras épicas, sus amores y desamores, sus fiestas, sus locuras, sus historias legen-darias y todo lo demás. Ahí les mirábamos con complicidad y sabíamos que cada uno de nosotros era un poco Barney, un poco Marshal o un poco Lily, y que con nuestros colegas pasaban cosas similares, y nos reíamos por tonterías similares, y eramos felices de la misma forma. Y de repente en ese idilio juvenil veinteañero-y-pico te sueltan un jarro de agua fría, pero tan fría tan fría, que te desapegas totalmente de esos que casi se habían convertido en tus colegas. Y de una desternillante serie de comedia te topas de lleno con la realidad. Esa realidad que vemos todos los días en nuestra realmente real vida real. Y nos duele como si nos hubieran pegado a nosotros, porque en la vida real, por muy bien que te lo pases, al final todo pasa, y creces y todas esas cosas que nuestros padres siempre dicen que pasan (y que nosotros no terminamos de creer).
Y bueno amig@s, básicamente esto es lo que puedo comentar sobre el asunto sin desvelar nada (que, por cierto, no dejéis que os hagan spoiler, creerme, merece la pena verlo, aunque sea para llorar o destrozar la pantalla del ordenador, eso ya es a vuestra elección).

Sed felices. Pero que sepais, que yo esta noche me revolveré en la cama. Y espero no soñar con cosas feas.

Boa Noite

martes, 25 de marzo de 2014

Fragmentos

Nunca me dices que no a nada.
Nunca me dices que no puedo, que no debería, que no lo intente de nuevo
que no hay esperanza
Nunca me dices que no me vaya, que no me aleje
ni extienda mis alas,
que no podemos si no estamos juntos.
Nunca me dices que no confíe en ti, en nosotros
que no merece la pena
y que no luche por mis sueños mas locos
(...)


(...)
Mi lengua es la cascada por donde desfilan tus ansias de comerme.
La piel, solo un orgasmo más.


(...)
Cada vez se me pegan más las sábanas, y yo sin disolvente para rutinas.

miércoles, 12 de marzo de 2014

¿Nostalgia?

Hoy he ido a darme un paseillo por mi barrio aprovechando que no hace ni sol ni frío, y he pasado por delante del que fue mi antiguo instituto. Qué raro se me hace ahora, y qué lejano. Pero lo más extraño, es que ya no queda nadie allí por quién seguir pasando a saludar. Ni amigos repetidores, ni de cursos mas bajos, ni de algún ciclo, ni siquiera mi hermana. Todos han terminado por dejar ese peculiar nido. Ahora, al pasar por los bancos donde se sientan los que se fugan, solo veo caras desconocidas. Al sonar la campana y salir una multitud de adolescentes cargados con sus mochilas a fumarse un cigarro, no veo a ningún viejo conocido a quién acercarme a saludar y comentar cómo va la vida, cuantas le han quedado o cómo lleva la selectividad.
Es raro, pero tanto tiempo queriendo dejar atrás esa etapa, y ahora vuelvo la cabeza con una mezcla de nostalgia y sensación de superioridad. Al fin y al cabo, fuimos supervivientes de aquellos pasillos interminables, de los exámenes en el aula 39 (¿o era la 29?), de las chonis gorronas de la cantina que siempre te pedían dinero, de los recreos en nuestra sala de alcoholicos anónimos, de los profesores que pasaban de nuestra cara... No lo parece, pero el instituto siempre es un lugar duro para un adolescente que aún está por construirse. Siempre hay alguien que cuando descubre tus debilidades, trata de paliar las suyas propias haciendo gala de esa crueldad que solo saben tener los adolescentes.
Pero qué bien nos lo pasábamos. Qué felices y ajenos a todo vivíamos. Qué grande y a la vez qué pequeño parecía el mundo entre aquellas cuatro paredes, y la cerveza de los viernes. En una palabra, lo describiría como intenso.
Y tras este telón de fondo siempre estaba un lugar de refugio y estudio, la biblioteca. Cuando las clases se hacían demasiado tediosas, o en educación física no teníamos ganas de hacer el imbécil tras una pelota, ahí estaba ella, repleta de cómics y mangas cochinos que estaban esperando caer en nuestras manos para echarnos unas risas, o sumergirnos en su apasionante lectura, quién sabe.
Y las tardes, las mañanas y las noches estudiando sin parar para sacar un mísero 5, los cafés de las máquinas, los kinder bueno robados del mercadona...
Tantas emociones, que ahora, cuando veo salir a esos chiquillos desconocidos, pienso "¿harán las mismas cosas que hacíamos nosotros?". Realmente, tampoco han pasado tantos años, pero sí los suficientes como para darme cuenta que definitivamente, ese lugar quedó atrás para siempre, y ya no hay personas ni lazos que hagan que me pare en la puerta a esperar. Solo queda pasar de largo y echarle una mirada crítica a las nuevas generaciones.
Porque nosotros siempre seremos la mejor.

martes, 11 de marzo de 2014

Sobre los teclados de ordenador y el apocalipsis zombie

Es de todos sabido que los teclados de ordenador probablemente sean de los seres mas repugnantes y menos conocidos sobre la faz de la tierra. Y nadie puede negar tal hecho. Ese bocadillo grasiento que te cenaste a toda prisa mientras terminabas un trabajo en vísperas de entrega, esa bolsa de palomitas mientras veías el final de Breaking bad un domingo de resaca, esa pajilla improvisada que te pilló sin un pañuelo a mano, y por supuesto, ese catarro por culpa del cual todavía rascas mocos costrosos del monitor. 

Sin duda alguna, todos estos desechos de nuestra actividad más pueril, van a parar inexorablemente entre las letras del teclado, sabiendo que difícilmente volverán a salir. Y ahí termina todo lo que sabemos de los teclados de ordenador. Tratar de limpiarlos es en vano. ni sacudirlos boca abajo, ni pasarle el espolsador, ni la bayeta, ni la aspiradora (algunos lo han intentado, es verídico). 
De vez en cuando, por catástrofes del destino, una letra de nuestro portátil sufre un golpe de muerte y se desprende del teclado, dejando un hueco del que solo nos acordamos cuando vamos a clicar la letra "ç". Y entonces nos cagamos en todo. 
Pero además, cuando esa desventurada letra desaparece, nosotros nos asomamos, como son miedo, a ese abismo que hay en el interior del teclado, pensando que se le saldrán las tripas, o peor, que saldrá toda esa mierda acumulada durante años. Pero qué va, la jodida se incrusta bien y no hay manera de sacar ni una pelusa de cerumen. 

Toda esta incertidumbre y ocultismo ante algo tan cotidiano solo puede desembocar en una cosa: Apocalipsis zombie. Os lo explicaré, es muy sencillo. Por cultura general, deberíamos saber que las primeras células se formaron a partir de concentraciones altísimas de distintas moléculas orgánicas que se unieron entre sí a causa de la radiación y el calor. 
De esta manera, nuestro ordenador se convierte en un caldo de cultivo de cualquier alimaña unicelular, y sin duda desconocida y peligrosa, que pueda generarse a partir de restos de todos esos pelos, pelusas, migas de pan, y encima gotas de semen. La pandemia solo ha comenzado a gestarse.
Lentamente, en cada uno de los hogares habitados por un ordenador o su respectivo teclado, las personas que pasan mas de una hora frente a la pantalla comienzan a caer enfermos. Nadie sabe qué tipo de dolencia es la que les afecta, pero por alguna extraña razón, los infectados (como se les ha comenzado a llamar) se vuelven de un tono verdoso y al cabo de unos días mueren... no sin antes contagiar por medio de mordiscos y arañazos a todo cuanto se interponga en su camino. El pánico se apodera de la población mundial, miles de personas caen infectadas, y otras tantas logran escapar a regiones inhóspitas donde escasea la comida y el agua. Desesperados, los últimos supervivientes de la raza humana se lanzan una misión suicida en busca de alimento, regresando a la ciudad. Y lo que allí encuentran son ni mas ni menos que los inocentes teclados de ordenador, intactos después de tanto tiempo. 
Ha llegado el momento de la verdad, de terminar por fin con el reinado del terror y descubrir de una vez por todas qué se esconde debajo de esas mugrientas teclas. 
Y con la ayuda de maquinaria pesada y mucho esfuerzo, consiguen abrir una de estas cajas del diablo. El hallazgo sorprende a todos. ¡COMIDA! 
Tras años de maceración, los virus malignos y las migas de pan duro han vuelto a mutar, creando fermentos que han hecho que bajo las cálidas letras del teclado, brote una pasta oscura y ultra-energética que hace inmunes a los infectados. El sabor no es muy bueno (aún se reconocen las trazas de semen), pero es la cura definitiva para la humanidad, y el inicio de una nueva civilización que renacerá de sus cenizas.

Así que llevaos ojito con los teclados, que de un día para otro pueden ser salvadores o destructores de nuestra especie. Tratadlos bien.

sábado, 1 de marzo de 2014

Hola, soy el futuro, y ya estoy aquí

Sé que siempre habéis estado hablando de mí. Siempre me alabáis o criticáis, me sacáis de madre, me ponéis creces o me cortáis las alas. Siempre con mi nombre en la boca, y ni siquiera me conocéis, nunca os vais a topar conmigo, incluso muchos cuestionáis mi existencia. Ilusos, creíais que nunca podríais alcanzarme y por eso, despreocupados, os dedicasteis a haceros ilusiones y crear mundos invisibles que en "el futuro" serían reales. Pero un día vas por la vida como si nada, como siempre, y de repente te cruzas con un extraño al que reconoces al instante, Y sientes pánico de que esté ahí. Y entonces te preguntas, ¿y ahora qué?

///Un retal de hace tiempo, disfrutadlo///

martes, 25 de febrero de 2014

El porqué de las golondrinas

He visto caer torres más altas que la mía a mi alrededor, esparciéndose sus cenizas en el cielo que antaño fue azul, mientras las tenues luces se apagan. Y cada vez que se desploma otra, yo me pregunto de nuevo el porqué de mi suerte. El porqué seguimos al pie del cañón, ignorando toda la destrucción que se cierne a nuestro paso, todas las historias sin final feliz, todos los malos augurios, y las noches de insomnio. 
Pueden ser las musas, o el destino, o la estadísticas de población, la física cuántica, la biología molecular... Puede que haya encuentros que solo sucedieron para terminarse, pero son esas pequeñas cosas las que me hacen darme cuenta que me iluminas por dentro si algo me recuerda a ti, si cuando paseo por la calle, distraída, te siento de repente cerca, y un soplo de calor me devuelve las ganas de dar otro paso a lo desconocido.
El futuro es incierto como una indefensa golondrina tras la que se cierne el invierno. Ah las golondrinas. Qué pequeñas y titubeantes se ven, y qué fuertes de voluntad, sin embargo. El amor es como una golondrina, frágil pero valiente, insignificante y a la vez capaz de cruzar volando el ancho mundo, hasta llegar, no importa donde. Llegar. Para de nuevo irse y volver. Pero siempre volver.

martes, 18 de febrero de 2014

Lo que hay por encima de las nubes

Volar siempre me hace sentir bien. Es una mezcla entre la humildad de sentirse insignificante en un universo enorme, y la grandiosidad de estar por encima (literalmente) de toda criatura viviente. Pero sin duda alguna, lo que más me gusta de volar, es ese mundo mágico que aparece cuando el avión se eleva por encima de las nubes. Ese mundo luminoso y como de algodón, donde no existe la lluvia, ni los edificios grises, ni el asfalto, ni los bosques, ni los caminos, ni el barullo de la gente, ni siquiera existe el suelo y los animales. Es un mundo perfecto y rosado. Si existe el cielo o el infierno, seguro que tendrán ese aspecto. Si escribiese una novela de fantasía, me inspiraría en ese universo para crear el mío propio. Me fascina más de lo que me ha fascinado cada uno de los paisajes asombrosos que he podido llegar a ver. Es una realidad utópica de la que no quieres despertar, allí, por encima de todo, dejando atrás lo mundano de la vida cotidiana.

Lo peor que me puede pasar en un avión, es no tocarme ventanilla.

sábado, 8 de febrero de 2014

La pescadilla que no se mordía la cola

///Un cuento cortito que escribí hace unos años y que hoy he vuelto a leer rebuscando en archivos viejos, y que me ha hecho gracia. Reeditado para el disfrute de quienes no necesitan demasiado, o para los que se cansan en el primer párrafo///

Erase una vez una pescadilla, como otra cualquiera.
Esta pescadilla, tenía una peculiaridad, y es que nunca se había mordido la cola. Había visto a muchas de sus compañeras hacerlo a menudo, de hecho, la gran mayoría de las pescadillas se mordían la cola continuamente. No había una necesidad aparente de hacerlo, ni una razón concreta, pero lo hacían. "Curioso" pensaba, "Nunca sentí tal necesidad, aunque he visto a todos hacerlo, ¿Será que nací diferente?" y entre estas cavilaciones andaba nuestra pescadilla, o más bien nadaba, cuando se encontró con una congénere que andaba mordiéndose la cola, a la cuál preguntó. "Y tú, ¿Por qué te muerdes la cola?". A lo que ésta le respondió "Porque es lo que las pescadillas hacen". Se disponía nuestra amiga a responder a su compañera, cuando con tan mala fortuna, no vio la red de un pescador que le caía encima.
Y así terminó la vida de la pescadilla. El pescador la sacó del agua, la metió en un gran arcón frigorífico y la trasladó a un supermercado. Allí, una señora la cogió, la limpió bajo un chorro de agua, y una vez lista, la colocó en el expositor, curvó su alargado cuerpo, y colocó la cola dentro de la boca de nuestra pescadilla.
Y así hizo con el resto de pescadillas de tan trágica suerte.

miércoles, 5 de febrero de 2014

4:08

Son las cuatro de la mañana.Y ahora es cuando empezaré a hacer el capullo.
Y es que, después de haberme pasado lloriqueando y quejandome todo el curso pasado, después de haberle estado mareando la cabeza y comiendole la oreja a personas que tuvieron mucha (demasiada) paciencia conmigo, y después de pensar y repensar las mismas cosas un millón de veces, al final llegué aquí. Y Cuando tocó el momento de volver, decidí quedarme. ¿Por qué? Seré sincera. He aprendido muchas cosas. Pero más allá de hacer la compra o aprender a cocinar, he conseguido hacer de estas cuatro paredes una especie de hogar, o al menos, un lugar al que llamar "casa" cuando hablo con mis amigos. Ah claro, y luego están los amigos. No soy excesivamente sociable, pero qué le voy a hacer, algunos de vosotros me habéis llegado hasta el punto en que no mentiría si os digo, que cuando tenga que despedirme de vosotros, me vais a tener que ver llorar.
Porque algunos me acompañaron en los primeros días, en las fiestas, las noches sin dormir, las vísperas de las entregas, los días malos y los días buenos, las confidencias, las tontunas (muchas tontunas), las risas (muchisimas risas), y ese poco a poco de cada día ha hecho que me sienta profundamente unida a este lugar, a esta gente. A alguna gente de la que, por desgracia, me voy a despedir en breve. No voy a caer en la tentación de dar nombres, creo que es mejor que no se rompa la magia.
Es ahora cuando me doy cuenta de lo caprichosa que es la vida, de lo impredecible que es el ir y venir del tiempo, de la forma en que los caminos se cruzan y se alejan, pero que, de una manera u otra, cada pedazo de roce con todas las personas con las que nos cruzamos, nos afecta, aunque sea tan fugaz que no nos demos ni cuenta.
Me siento feliz. En algunas ocasiones me he reprochado el haber tomado este camino, pensando que era una decisión egoísta. Cuán equivocada estaba. Egoísta hubiera sido rendirme ante el miedo.
En fin.
Buenas noches

miércoles, 29 de enero de 2014

Poesía (o algo así)

///Hoy os dejo una poesía cortita (en realidad era un texto en prosa, pero colocado en renglones cortos parece que ocupa más...) Y esta vez, si, es algo nuevo :) No es gran cosa, pero la he parido yo. Disfruten///


Contra viento y olvido
vuelan los barcos de mis ilusiones,
con alas de golondrina
y timón de valor.
Por brújula tus manos, que me guían,
en las nubes de tormenta,
o en los días de incertidumbre,
Que no hay lastres ni banderas,
ni cañones de balas perdidas
si me empuja tu viento bueno.
Que me falta tinta
para pintarte
todas las sonrisas que esbozo
si te pienso.


///Y de regalo, otro micropoema que escribí hace tiempo, que no rima, pero da igual, también lo he parido yo///

Puedes decirme
que soy de más
que me crezco demasiado
entre las flores
que llevo un pañuelo
tapándome la razón
y que a ti te tengo
en el altar de mis neuronas.

miércoles, 22 de enero de 2014

Manifiesto Mayusculino

///Os dejo hoy con el fabuloso manifiesto Mayusculino, cuna y base de lo que debería ser toda mente curiosa, entusiasta, creativa  y algo perturbada (como la mía)///

¡Por la MAYUSCULINIDAD y todas las cosas absurdas y maravillosas del universo!

Para todos aquellos oprimidos que algún día se inventaron una palabra y ésta calló en el olvido, o fue despreciada y su creador tachado de inculto. 

Para todos los que pensáis que la creatividad lingüística es un derecho y no un cerrojo puesto con llave en la puerta de lo políticamente correcto. Para todos, y para más incluso, porque sé que muchos no lo admitiríais, que han sentido que el peso de la presión social reprimía vuestras ganas de expresar con palabras lo inexpresable, lo nunca dicho, lo que soñábamos cuando éramos pequeños, y todas esas cosas que solo podrían explicarse con una palabra que aún no se ha inventado.

Para todos aquellos que hayan entendido lo antes expuesto, os hablo en nombre de la Mayusculinidad y de todas las palabras proscritas que viven ahogadas en los cerebros humanos. Porque somos muchos, y las voces de muchos pueden hacerse oír incluso por unos pocos.
Demandemos... no, ¡exijamos! un mundo tolerante y pluralista, en el que nadie se vea excluido ni desprestigiado, un mundo en el que palabras y vocablos sean amados y comprendidos, sin importar su procedencia ni su sintaxis, ni siquiera su raíz morfológica. Porque, en un mundo en que la Mayusculinidad sea apreciada como palabra digna, sin ser juzgada por su semántica o su gramática, en un mundo en el que la opresión de la RAE no estipule de manera dictatorial qué palabras existen y qué palabras no, en un mundo en el que la creatividad lingüística no sea coaccionada por los saberes eruditos conservadores. En un mundo más o menos así, deberíamos vivir todos. Y solo entonces, encontraríamos la felicidad

lunes, 20 de enero de 2014

El Circo

///Señoras y señores, una vez más, reeditado y remasterizado, uno de mis primeros cuentos. Titulado desde el principio "El Circo", y creo que así debe seguir llamándose. Se lo debo al Musicolor, un campamento que sin duda nos cambió un poco a todos, y del que aún conservo a magníficas personas que me enseñaron valiosas lecciones.  Espero que lo disfrutéis tanto como disfruté yo escribiéndolo///


EL CIRCO

Con gran expectación ansiaban todos su llegada. El famoso e inquietante Circo dirigido por El Gran Mago. Un tanto especial, eso decían. Sus actuaciones solo tenían lugar una vez en cada lugar que visitaban, y solo poseía una pequeña caravana que transportase todo enser necesario, pero, sin embargo, quienes habían tenido el privilegio de asistir a sus espectáculos, afirmaban que aquel circo era hogar y cuna de  los más grandes acróbatas, músicos y bailarines que habían pisado la tierra. Tales eran los prodigios que se contaban del misterioso circo, que cuando arribó al pequeño pueblo, nadie quería perdérselo. Se montó una gran carpa, pero, aparentemente, los terrenos estaban vacíos y no se veía a los artistas ni sus camerinos por ningún lado.
Al fin, llegó el esperado día. La música empezó a sonar, las luces se apagaron y los focos iluminaron el centro de la pista donde apareció entre nubes de humo y gritos de asombro El Gran Mago. Con su penetrante voz anunció:
-¡Damas y caballeros! ¡Tengo el placer de presentaros esta noche, con todos ustedes, a los más maravillosos artistas del mundo, de este país, de esta región…de este pueblo!
El público quedó extrañado. Jamás habían oído que de aquel pueblo hubiesen salido tales artistas, y se miraban unos a otros, aturdidos. Pero el mago continuó:
­-Esta noche, ustedes se convertirán en los más grandes acróbatas, malabaristas, músicos y payasos que hayan existido nunca, ¡y yo les demostraré que es posible!-y, bajando la voz con tono misterioso añadió- Queridos espectadores, ¿creen ustedes en la magia?
El público, boquiabierto, pero pensando que se trataría del tipo de trucos que solo los grandes magos saben hacer, respondió con un ruidoso y entusiasta “¡SIIIIII!”. Entonces el mago levantó la varita al tiempo que la luz y la música bajaban y preguntó:
-¿Quiénes de ustedes saben hacer malabares?
Al principio no respondió nadie, pero poco a poco se fueron levantando tímidas manos, que, movidas por la curiosidad, formaron un pequeño grupo al que el mago hizo bajar a pista con un cálido aplauso. El mago entregó distintos juegos de malabares a cada uno de los desconcertados pero entusiasmados voluntarios. Finalmente les miró a todos y pronunció con esa voz que solo saben poner los magos:
-Abra Cadabra,
Pata de cabra,
Abre que abre,
la llave la puerta
de vuestras cabezas
y a la de tres
haréis los malabares
mas increíbles jamás vistos…

La potente luz de los focos. La emocionante música y el redoble de los tambores. El público expectante y la melosa voz del mago contando hasta tres… Una… dos… y… ¡tres!
En ese instante, la pista se convirtió en un espectáculo de color y movimiento vibrante. Las pelotas caían una tras otra al tiempo que las mazas daban vueltas rítmicamente en el aire mientras las colas de las cariocas llenaban cada hueco del espacio entre el resto de los malabares. Cada instrumento tenía su movimiento propio, pero en conjunto formaban una armoniosa y emocionante composición que encandiló al público. Se preguntaban atónitos, como lo habrían conseguido, ¿realmente había sido magia?
Finalmente, la nota final de música coincidiendo con el último resquicio de movimiento desató una furia de aplausos. El mago chasqueó los dedos y dijo a sus artistas que podían volver a sus asientos, no sin antes insistirles en que saludaran al público.
-¡Damas y caballeros! Acaban de presenciar a los mejores malabaristas y ahora daremos paso a nuestros expertos acróbatas y bailarines- y volvió a formular su inquietante pregunta- ¿Quiénes de ustedes saben mover su cuerpo, saltar, dar volteretas, bailar y hacer cualquier cabriola imaginable?
Esta vez un gran número de gente, incluyendo algunos de los anteriores participantes se animaron a salir a pista y dejar que el mago les hechizara de nuevo, para convertirles sin duda, en los mejores. Y otra vez, a las palabras del mago y el ritmo de la música, cada cual comenzó a hacer lo que mejor dominaba. Concurrieron en el mismo espacio saltos y acrobacias, breackdance, contorsionistas y hasta algún paso de tango, todos al son de una música que parecía adecuada para cada una de las actividades que allí acontecían, por muy dispares que estas fuesen. Y aunque completamente diferentes, fue increíblemente armoniosa aquella demostración de movimiento, lento y rápido, complejo y sencillo, joven o anciano. Daba lo mismo. Era igual de hechizante como la primera actuación, y en lo que parecieron unos breves instantes se encontró el público gritando y aplaudiendo con fuerza a los entregados artistas.
Una vez más,  el mago dijo a los acróbatas que podían sentarse y esta vez preguntó por personas atrevidas, desvergonzadas, juguetonas y sobre todo muy divertidas. Esta vez no se levantaron tantos voluntarios, pero los suficientes para continuar el espectáculo. Repartió entre ellos unas narices rojas, pelucas, vestimentas de colores y zapatos enormes. Finalmente les dio unas ceras de colores, y tras recitar una nueva retahíla de palabras mágicas echó a correr entre el público y gritó:- ¡Sálvese quien pueda! ¡los payasos locos quieren pintarnos a todos!. Rápidamente, todo el mundo captó el juego, y lo que sucedió a continuación fue una locura en que el público corría por la pista y las gradas perseguido torpemente por el grupo de payasos que pintaban con las ceras a todo el que tuvieran a su alcance. Un pilla-pilla interminable y terriblemente divertido en el que todo el mundo participó, mientras decoraba la escena una alegre música. Al cabo de un buen rato de risas, gritos y mucha pintura por todas partes, el mago logró poner orden lanzando un chorro de agua a quien no volviera a su sitio rápidamente. Una vez en su lugar, aún con restos de pintura y una sonrisa en la cara, el público esperaba expectante la última actuación.
El mago preguntó por músicos, virtuosos o aficionados, y esta vez casi todo el mundo quiso salir a escena mientras el mago repartía el instrumento correspondiente a cada persona. Una vez estuvo todo preparado, el mago se aclaró la garganta y anunció con voz solemne:
-Queridos amigos, como número final para esta noche, tenemos a la orquesta de la vida, quizás la más completa y profesional del mundo. Yo seré su director, y créanme cuando les digo que se darán con ella la guinda del pastel que esta noche tienen la suerte de degustar.
El silencio fue expectante, nadie quería perder un detalle. El mago se colocó al frente de su curiosa y variopinta orquesta en la que concurrían trombones y guitarras, tambores con violines y un sinfín de instrumentos, mas sencillos o mas complejos. Golpeó su varita sobre un atril imaginario y pronunció:
-Abra Cadabra,
 Pata de escorpión,
que la mejor orquesta del mundo
toque a mi son.
 a la de una…
 a la de dos…
¡A la de un, dos, tres!

Y entonces, un enorme estallido de sonido inundó todo el circo. Rápido, fuerte y firme, cada instrumento en armonía con el resto, siguiendo fielmente las efímeras indicaciones del mago y su barita, sin mas partitura ni ensayo que la magia que se apoderaba de todos en ese instante. Todos al unísono y con seguridad. Nadie lo habría creído posible, pero ante los ojos del asombradísimo público estaba sucediendo.
Tras la potente melodía inicial, se fueron sucediendo una serie de movimientos mas lentos que podrían haber enternecido hasta al mas duro. Con cada nota se contaba una historia diferente, y cada instrumento lo interpretaba con su sonido. A veces la melodía se tornaba triste y melancólica, y volvía pasar de alegre y animada, hasta convertirse en una apasionada sonata. Hubo momentos de tensión e ira, en que los instrumentos parecían a punto de estallar, y sonidos que recordaban a otros tiempos, a otros lugares…
En el punto cúspide de la actuación, la orquesta quedó en silencio un instante,  y acto seguido volvió a estallar en una nota final y triunfante, desatando una lluvia de aplausos y gritos como no se había visto esa noche, mientras llovían, no se sabía muy bien de donde, pétalos de rosa y confeti sobre los emocionados artistas. Aquella fue una noche memorable para algunos e inolvidable para todos. Los músicos no pararon de saludar mientras los vítores continuaron.

***

Silencio.
La niña vuelve a mirar el cartel que anuncia el espectáculo de la pasada noche. El circo se marchará en breve y ya no volverá nunca. Una silueta ensombrece el cartel de espaldas a la niña. Se vuelve y allí está el gran mago, observándola con una sonrisa.
-Fue maravilloso el espectáculo de anoche.-dijo la niña
-Gracias pequeña, a propósito, no recuerdo haberte visto salir a pista…
-Ya…  pero señor, yo no sé hacer nada, si hubiese salido habría echado a perder el espectáculo…
-¿Cómo estás tan segura? Si nunca lo has intentado es imposible que descubras tus grandes cualidades.- Respondió el mago con una sonrisa
-Ese es el problema, lo he intentado todo y no logro destacar en nada…
La niña parecía apenada. Al mago no le gusta ver a sus queridos espectadores tristes después del espectáculo.
-No siempre hace falta ser un experto en algo para poder hacerlo, posiblemente muchos de los voluntarios que salieron anoche no lo sabían hacer mejor que tú…
-Quizás,-respondió la niña- pero yo no lo sabía, además me daba vergüenza equivocarme y que todos me mirasen y se riesen de mí…-la niña prosiguió al borde de las lágrimas.- Ya da igual, he perdido la oportunidad, el circo ya no volverá mas a este pueblo…
-Pequeña, -dijo el mago- a lo largo de mi vida he aprendido muchas cosas, pero una de las más importantes ha sido aprender a luchar por mis objetivos, por mis sueños, por muy irreales y fantasiosos que sean. Si no lo intentamos nunca, jamás sabremos si somos capaces de conseguirlo.  No debes rendirte por haber perdido una oportunidad de demostrarte a ti misma lo que vales, de hecho, es posible que ni siquiera esté perdida del todo. No olvides jamás mis palabras, pero sobre todo, no olvides nunca lo que viste anoche, porque anoche pudiste contemplar todos los sueños de los habitantes de tu pueblo volando al mismo tiempo. Anoche todos se sintieron por una vez los mejores artistas del mundo, y de hecho, lo fueron, porque llenaron por un momento su vida de ilusión y valentía, y se sintieron capaces de superarse a sí mismos, de ser los mejores.  Tú, aunque no actuaste, no dejarás de ser la mejor en algo que puede que aún no hayas descubierto, pero no te preocupes, solo te hace falta  encontrarlo. Y tienes todo el tiempo de tu vida para hacerlo.-Diciendo esto, el mago se dio la vuelta y añadió- Si me disculpas, tengo mucho trabajo, debo partir mañana…
El mago comenzaba a marcharse cuando la niña le detuvo.
-Señor, hay algo mas que quiero preguntarle.
-¿Si?
-¿Realmente hechizaste a toda esa gente para que actuara tan bien?
-Te voy a hacer yo otra pregunta pequeña, ¿Crees en la magia?
Tras titubear un poco, la niña respondió:
-Creo que si señor.
-Pues entonces, probablemente algo de magia tuvo que haber, pero recuerda que todos somos un poco magos, así que no es tan extraño. Solo hay que saber sacar la magia que uno tiene dentro.
Y dicho esto, se marchó sin volver a ser visto.

***

El sonido de la televisión y el calor del mediodía me adormecían, pero al final pude terminar de recordar sus palabras que tan útiles me habían sido. Ojalá algún día él pueda leerlo, y quizás se acuerde de mí. Esté donde esté.Mañana enviaré el borrador a la editorial. Espero que tenga tanto éxito como los anteriores, me haría especial ilusión.
Quiero que le conozcan. Quiero que sepan que, gracias a él, estoy aquí y he logrado encontrar mi magia, que quizás no se encontraba en ese circo aquella noche. Solo me hizo falta buscarla en otro lado. En un humilde lápiz. Y por supuesto, intentarlo.

Re-comenzando

Y aún no sé ni cómo. Pero después de más de dos años de abandonar el mundo de la escritura pública, esta mañana me he levantado, he abierto internet en mi flamante portátil nuevo, y he buscado este blog. 
Poco a poco, quiero ir construyéndolo de nuevo, subiendo cosas antiguas que aún me gustan, y tratando de perder el miedo a enseñar cosas nuevas. Me siento un poco novata, y aunque mis estudios superiores se llaman de diseño (o algo así), de momento me conformaré con las plantillas de blogger ya que los códigos se me resisten, igual que todo aquello que mezcle números y letras de forma caótica. Es una pequeña nueva aventurilla, veamos cómo evoluciona. Y por dios, quiero prometerme que esto NO es un diario.
Hasta dentro de muy poco, espero.

Made in Irene