martes, 11 de marzo de 2014

Sobre los teclados de ordenador y el apocalipsis zombie

Es de todos sabido que los teclados de ordenador probablemente sean de los seres mas repugnantes y menos conocidos sobre la faz de la tierra. Y nadie puede negar tal hecho. Ese bocadillo grasiento que te cenaste a toda prisa mientras terminabas un trabajo en vísperas de entrega, esa bolsa de palomitas mientras veías el final de Breaking bad un domingo de resaca, esa pajilla improvisada que te pilló sin un pañuelo a mano, y por supuesto, ese catarro por culpa del cual todavía rascas mocos costrosos del monitor. 

Sin duda alguna, todos estos desechos de nuestra actividad más pueril, van a parar inexorablemente entre las letras del teclado, sabiendo que difícilmente volverán a salir. Y ahí termina todo lo que sabemos de los teclados de ordenador. Tratar de limpiarlos es en vano. ni sacudirlos boca abajo, ni pasarle el espolsador, ni la bayeta, ni la aspiradora (algunos lo han intentado, es verídico). 
De vez en cuando, por catástrofes del destino, una letra de nuestro portátil sufre un golpe de muerte y se desprende del teclado, dejando un hueco del que solo nos acordamos cuando vamos a clicar la letra "ç". Y entonces nos cagamos en todo. 
Pero además, cuando esa desventurada letra desaparece, nosotros nos asomamos, como son miedo, a ese abismo que hay en el interior del teclado, pensando que se le saldrán las tripas, o peor, que saldrá toda esa mierda acumulada durante años. Pero qué va, la jodida se incrusta bien y no hay manera de sacar ni una pelusa de cerumen. 

Toda esta incertidumbre y ocultismo ante algo tan cotidiano solo puede desembocar en una cosa: Apocalipsis zombie. Os lo explicaré, es muy sencillo. Por cultura general, deberíamos saber que las primeras células se formaron a partir de concentraciones altísimas de distintas moléculas orgánicas que se unieron entre sí a causa de la radiación y el calor. 
De esta manera, nuestro ordenador se convierte en un caldo de cultivo de cualquier alimaña unicelular, y sin duda desconocida y peligrosa, que pueda generarse a partir de restos de todos esos pelos, pelusas, migas de pan, y encima gotas de semen. La pandemia solo ha comenzado a gestarse.
Lentamente, en cada uno de los hogares habitados por un ordenador o su respectivo teclado, las personas que pasan mas de una hora frente a la pantalla comienzan a caer enfermos. Nadie sabe qué tipo de dolencia es la que les afecta, pero por alguna extraña razón, los infectados (como se les ha comenzado a llamar) se vuelven de un tono verdoso y al cabo de unos días mueren... no sin antes contagiar por medio de mordiscos y arañazos a todo cuanto se interponga en su camino. El pánico se apodera de la población mundial, miles de personas caen infectadas, y otras tantas logran escapar a regiones inhóspitas donde escasea la comida y el agua. Desesperados, los últimos supervivientes de la raza humana se lanzan una misión suicida en busca de alimento, regresando a la ciudad. Y lo que allí encuentran son ni mas ni menos que los inocentes teclados de ordenador, intactos después de tanto tiempo. 
Ha llegado el momento de la verdad, de terminar por fin con el reinado del terror y descubrir de una vez por todas qué se esconde debajo de esas mugrientas teclas. 
Y con la ayuda de maquinaria pesada y mucho esfuerzo, consiguen abrir una de estas cajas del diablo. El hallazgo sorprende a todos. ¡COMIDA! 
Tras años de maceración, los virus malignos y las migas de pan duro han vuelto a mutar, creando fermentos que han hecho que bajo las cálidas letras del teclado, brote una pasta oscura y ultra-energética que hace inmunes a los infectados. El sabor no es muy bueno (aún se reconocen las trazas de semen), pero es la cura definitiva para la humanidad, y el inicio de una nueva civilización que renacerá de sus cenizas.

Así que llevaos ojito con los teclados, que de un día para otro pueden ser salvadores o destructores de nuestra especie. Tratadlos bien.

No hay comentarios:

Publicar un comentario