Mostrando entradas con la etiqueta Disertación absurda sobre.... Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Disertación absurda sobre.... Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de noviembre de 2014

Sobre gilipollas y otras bestias

Ya sabemos que el tema está trillado. Ya sabemos que hay miles de imágenes en internet expresando con poesía y fotos de dudosa procedencia, nuestro desprecio incondicional hacia algunos seres con los que, por desgracia, compartimos existencia.
Ya sabemos que el odio es caca, y que las palabrotas son feas, pero hoy, como excepción, y con perdón de mi mamá (a la cual no le gustan nada las cosas feas) voy a hablar de esa especie que abunda entre nosotros, cada día con más insistencia: los gilipollas.
No voy a ser mala y a decir que todos los gilipollas lo son por las mismas razones y en el mismo grado, eso sería vejatorio y discriminante, y aquí, ante todo, queremos fomentar el respeto y la dignidad.
En lo más alto de la escala de gilipollismo, tendríamos lo que solemos llamar el gilipollas integral. Nada más cruzar las primeras palabras con él, te das cuenta de que emana gilipollez, así que intentas no tocarlo demasiado, por si acaso es contagioso. Una vez lo vas conociendo mejor, confirmas sin lugar a dudas que es gilipollas, y no existe remedio ni cura. Pero lo mejor llega cuando ya adquieres un cierto grado de confianza, entonces es cuando empiezas a considerar hacer un estudio científico acerca de la gilipollez, sus grados de intensidad, sus consecuencias, y sus (improbables) curas.
Y así, queridos lectores, es como me encamino a describir al gilipollas ignorante. Pensamos que la mayoría de gilipollas ignoran su propia condición de gilipollas, gran error. El gilipollas integral ya está acostumbrado a que el resto de mortales le tachen de gilipollas, así que es normal que comience a olerse algo, o incluso que asuma su rol con total naturalidad, creando un ambiente simbiótico y  casi satisfactorio tanto para el propio gilipollas como para quienes tienen que sufrirlo. Pero el gilipollas ignorante es el que vive pensando que el mundo le ama (o al menos le soporta), que la humanidad necesita de su ayuda y sabiduría infinitas, y que, por supuesto, él jamás ha sido ni será, un gilipollas de pata negra. Gran falacia, porque sin duda, esto desencadena en una subespecie casi más terrorífica, y que abunda sobre todo en centros "educativos" y burocráticos. Es el bien conocido, gilipollas pedante. Ese que abre la boca, y ya no hay marcha atrás. De sus labios solo sale una cascada de gilipolleces mezcladas con algún que otro cultismo, que suelen dejar en un estado de confusión mental a quien las escucha, ya que a priori, los estudios superiores o el alto rango social nos hacen pensar inocentemente que nos encontramos frente a alguien libre de gilipollez. El antídoto infalible ante este gilipollas, es saber detectarlo a tiempo, sonreir, asentir, y olvidar lo más rápido posible sus palabras.
Y por último tenemos al más escurridizo de todos, el Gilipollas de incógnito
Esta especie de gilipollas es especialmente peligrosa, porque no lo ves venir. No desprende esa fragancia del gilipollas integral, no habla como un gilipollas pedante, y como tú mismo desconoces su gilipollez, no puede tratarse del gilipollas ignorante. Esta especie de gilipollas es imprevisible, no sabes en qué momento va a desvelarse su condición de gilipollas, se han dado casos de gilipollas de incógnito que han permanecido en el anonimato durante años. La única cura contra este tipo de gilipollas, es la eliminación de raíz de dicho gilipollas en la vida del afectado, cuando se detecten los primeros síntomas de gilipollez.
Con este post, pretendo poner de manifiesto un estudio científico-sociológico exhaustivo que llevo realizando a lo largo de mis (pocos) años de vida, y que, seguramente, habrá que ir ampliando, a medida que se vayan descubriendo nuevas y fascinantes especies de gilipollas. Cualquier aportación a esta incomprendida pero prometedora ciencia será agradecida por la comunidad científica, y por las personas que, como yo, cada día tenemos que lidiar con estos seres, los gilipollas.



Ilustración de Octavio Streitenberger. Su tumblr: http://octstreitenberger.tumblr.com/

martes, 11 de marzo de 2014

Sobre los teclados de ordenador y el apocalipsis zombie

Es de todos sabido que los teclados de ordenador probablemente sean de los seres mas repugnantes y menos conocidos sobre la faz de la tierra. Y nadie puede negar tal hecho. Ese bocadillo grasiento que te cenaste a toda prisa mientras terminabas un trabajo en vísperas de entrega, esa bolsa de palomitas mientras veías el final de Breaking bad un domingo de resaca, esa pajilla improvisada que te pilló sin un pañuelo a mano, y por supuesto, ese catarro por culpa del cual todavía rascas mocos costrosos del monitor. 

Sin duda alguna, todos estos desechos de nuestra actividad más pueril, van a parar inexorablemente entre las letras del teclado, sabiendo que difícilmente volverán a salir. Y ahí termina todo lo que sabemos de los teclados de ordenador. Tratar de limpiarlos es en vano. ni sacudirlos boca abajo, ni pasarle el espolsador, ni la bayeta, ni la aspiradora (algunos lo han intentado, es verídico). 
De vez en cuando, por catástrofes del destino, una letra de nuestro portátil sufre un golpe de muerte y se desprende del teclado, dejando un hueco del que solo nos acordamos cuando vamos a clicar la letra "ç". Y entonces nos cagamos en todo. 
Pero además, cuando esa desventurada letra desaparece, nosotros nos asomamos, como son miedo, a ese abismo que hay en el interior del teclado, pensando que se le saldrán las tripas, o peor, que saldrá toda esa mierda acumulada durante años. Pero qué va, la jodida se incrusta bien y no hay manera de sacar ni una pelusa de cerumen. 

Toda esta incertidumbre y ocultismo ante algo tan cotidiano solo puede desembocar en una cosa: Apocalipsis zombie. Os lo explicaré, es muy sencillo. Por cultura general, deberíamos saber que las primeras células se formaron a partir de concentraciones altísimas de distintas moléculas orgánicas que se unieron entre sí a causa de la radiación y el calor. 
De esta manera, nuestro ordenador se convierte en un caldo de cultivo de cualquier alimaña unicelular, y sin duda desconocida y peligrosa, que pueda generarse a partir de restos de todos esos pelos, pelusas, migas de pan, y encima gotas de semen. La pandemia solo ha comenzado a gestarse.
Lentamente, en cada uno de los hogares habitados por un ordenador o su respectivo teclado, las personas que pasan mas de una hora frente a la pantalla comienzan a caer enfermos. Nadie sabe qué tipo de dolencia es la que les afecta, pero por alguna extraña razón, los infectados (como se les ha comenzado a llamar) se vuelven de un tono verdoso y al cabo de unos días mueren... no sin antes contagiar por medio de mordiscos y arañazos a todo cuanto se interponga en su camino. El pánico se apodera de la población mundial, miles de personas caen infectadas, y otras tantas logran escapar a regiones inhóspitas donde escasea la comida y el agua. Desesperados, los últimos supervivientes de la raza humana se lanzan una misión suicida en busca de alimento, regresando a la ciudad. Y lo que allí encuentran son ni mas ni menos que los inocentes teclados de ordenador, intactos después de tanto tiempo. 
Ha llegado el momento de la verdad, de terminar por fin con el reinado del terror y descubrir de una vez por todas qué se esconde debajo de esas mugrientas teclas. 
Y con la ayuda de maquinaria pesada y mucho esfuerzo, consiguen abrir una de estas cajas del diablo. El hallazgo sorprende a todos. ¡COMIDA! 
Tras años de maceración, los virus malignos y las migas de pan duro han vuelto a mutar, creando fermentos que han hecho que bajo las cálidas letras del teclado, brote una pasta oscura y ultra-energética que hace inmunes a los infectados. El sabor no es muy bueno (aún se reconocen las trazas de semen), pero es la cura definitiva para la humanidad, y el inicio de una nueva civilización que renacerá de sus cenizas.

Así que llevaos ojito con los teclados, que de un día para otro pueden ser salvadores o destructores de nuestra especie. Tratadlos bien.