Ya sabemos que el odio es caca, y que las palabrotas son feas, pero hoy, como excepción, y con perdón de mi mamá (a la cual no le gustan nada las cosas feas) voy a hablar de esa especie que abunda entre nosotros, cada día con más insistencia: los gilipollas.
No voy a ser mala y a decir que todos los gilipollas lo son por las mismas razones y en el mismo grado, eso sería vejatorio y discriminante, y aquí, ante todo, queremos fomentar el respeto y la dignidad.
En lo más alto de la escala de gilipollismo, tendríamos lo que solemos llamar el gilipollas integral. Nada más cruzar las primeras palabras con él, te das cuenta de que emana gilipollez, así que intentas no tocarlo demasiado, por si acaso es contagioso. Una vez lo vas conociendo mejor, confirmas sin lugar a dudas que es gilipollas, y no existe remedio ni cura. Pero lo mejor llega cuando ya adquieres un cierto grado de confianza, entonces es cuando empiezas a considerar hacer un estudio científico acerca de la gilipollez, sus grados de intensidad, sus consecuencias, y sus (improbables) curas.
Y así, queridos lectores, es como me encamino a describir al gilipollas ignorante. Pensamos que la mayoría de gilipollas ignoran su propia condición de gilipollas, gran error. El gilipollas integral ya está acostumbrado a que el resto de mortales le tachen de gilipollas, así que es normal que comience a olerse algo, o incluso que asuma su rol con total naturalidad, creando un ambiente simbiótico y casi satisfactorio tanto para el propio gilipollas como para quienes tienen que sufrirlo. Pero el gilipollas ignorante es el que vive pensando que el mundo le ama (o al menos le soporta), que la humanidad necesita de su ayuda y sabiduría infinitas, y que, por supuesto, él jamás ha sido ni será, un gilipollas de pata negra. Gran falacia, porque sin duda, esto desencadena en una subespecie casi más terrorífica, y que abunda sobre todo en centros "educativos" y burocráticos. Es el bien conocido, gilipollas pedante. Ese que abre la boca, y ya no hay marcha atrás. De sus labios solo sale una cascada de gilipolleces mezcladas con algún que otro cultismo, que suelen dejar en un estado de confusión mental a quien las escucha, ya que a priori, los estudios superiores o el alto rango social nos hacen pensar inocentemente que nos encontramos frente a alguien libre de gilipollez. El antídoto infalible ante este gilipollas, es saber detectarlo a tiempo, sonreir, asentir, y olvidar lo más rápido posible sus palabras.
Y por último tenemos al más escurridizo de todos, el Gilipollas de incógnito
Esta especie de gilipollas es especialmente peligrosa, porque no lo ves venir. No desprende esa fragancia del gilipollas integral, no habla como un gilipollas pedante, y como tú mismo desconoces su gilipollez, no puede tratarse del gilipollas ignorante. Esta especie de gilipollas es imprevisible, no sabes en qué momento va a desvelarse su condición de gilipollas, se han dado casos de gilipollas de incógnito que han permanecido en el anonimato durante años. La única cura contra este tipo de gilipollas, es la eliminación de raíz de dicho gilipollas en la vida del afectado, cuando se detecten los primeros síntomas de gilipollez.
Con este post, pretendo poner de manifiesto un estudio científico-sociológico exhaustivo que llevo realizando a lo largo de mis (pocos) años de vida, y que, seguramente, habrá que ir ampliando, a medida que se vayan descubriendo nuevas y fascinantes especies de gilipollas. Cualquier aportación a esta incomprendida pero prometedora ciencia será agradecida por la comunidad científica, y por las personas que, como yo, cada día tenemos que lidiar con estos seres, los gilipollas.
Ilustración de Octavio Streitenberger. Su tumblr: http://octstreitenberger.tumblr.com/

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