martes, 18 de febrero de 2014

Lo que hay por encima de las nubes

Volar siempre me hace sentir bien. Es una mezcla entre la humildad de sentirse insignificante en un universo enorme, y la grandiosidad de estar por encima (literalmente) de toda criatura viviente. Pero sin duda alguna, lo que más me gusta de volar, es ese mundo mágico que aparece cuando el avión se eleva por encima de las nubes. Ese mundo luminoso y como de algodón, donde no existe la lluvia, ni los edificios grises, ni el asfalto, ni los bosques, ni los caminos, ni el barullo de la gente, ni siquiera existe el suelo y los animales. Es un mundo perfecto y rosado. Si existe el cielo o el infierno, seguro que tendrán ese aspecto. Si escribiese una novela de fantasía, me inspiraría en ese universo para crear el mío propio. Me fascina más de lo que me ha fascinado cada uno de los paisajes asombrosos que he podido llegar a ver. Es una realidad utópica de la que no quieres despertar, allí, por encima de todo, dejando atrás lo mundano de la vida cotidiana.

Lo peor que me puede pasar en un avión, es no tocarme ventanilla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario