///Un cuento cortito que escribí hace unos años y que hoy he vuelto a leer rebuscando en archivos viejos, y que me ha hecho gracia. Reeditado para el disfrute de quienes no necesitan demasiado, o para los que se cansan en el primer párrafo///
Erase una vez una pescadilla, como otra cualquiera.
Esta pescadilla, tenía una peculiaridad, y es que nunca se había mordido la cola. Había visto a muchas de sus compañeras hacerlo a menudo, de hecho, la gran mayoría de las pescadillas se mordían la cola continuamente. No había una necesidad aparente de hacerlo, ni una razón concreta, pero lo hacían. "Curioso" pensaba, "Nunca sentí tal necesidad, aunque he visto a todos hacerlo, ¿Será que nací diferente?" y entre estas cavilaciones andaba nuestra pescadilla, o más bien nadaba, cuando se encontró con una congénere que andaba mordiéndose la cola, a la cuál preguntó. "Y tú, ¿Por qué te muerdes la cola?". A lo que ésta le respondió "Porque es lo que las pescadillas hacen". Se disponía nuestra amiga a responder a su compañera, cuando con tan mala fortuna, no vio la red de un pescador que le caía encima.
Y así terminó la vida de la pescadilla. El pescador la sacó del agua, la metió en un gran arcón frigorífico y la trasladó a un supermercado. Allí, una señora la cogió, la limpió bajo un chorro de agua, y una vez lista, la colocó en el expositor, curvó su alargado cuerpo, y colocó la cola dentro de la boca de nuestra pescadilla.
Y así hizo con el resto de pescadillas de tan trágica suerte.
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