miércoles, 2 de abril de 2014

Hoy va de series

Y es que, aunque no suela hacer este tipo de entradas, el esperadísimo final de "Como conocí a vuestra madre" se merece una mención especial, ya sea por la lagrimilla que me ha hecho soltar, por ese controvertido e inesperado final (del que, por supuesto, no os voy a hablar) o ya sea por la cantidad de opiniones que ha suscitado, cada cual mas dispar.
Pero sobre todo, me siento obligada a opinar sobre el tema, porque, de una manera u otra, esos dos puñeteros últimos capítulos me han tocado la patata de una forma en que ninguno otro lo había hecho. Y mira que hay capítulos que me han tocado la patata.
En primer lugar porque de repente descontextualiza a nuestros queridos personajes de todo a lo que estábamos acostumbrados, y nos jode. Porque nosotros somos ellos. En cada capítulo de sus peripecias nos veíamos reflejados. En sus borracheras épicas, sus amores y desamores, sus fiestas, sus locuras, sus historias legen-darias y todo lo demás. Ahí les mirábamos con complicidad y sabíamos que cada uno de nosotros era un poco Barney, un poco Marshal o un poco Lily, y que con nuestros colegas pasaban cosas similares, y nos reíamos por tonterías similares, y eramos felices de la misma forma. Y de repente en ese idilio juvenil veinteañero-y-pico te sueltan un jarro de agua fría, pero tan fría tan fría, que te desapegas totalmente de esos que casi se habían convertido en tus colegas. Y de una desternillante serie de comedia te topas de lleno con la realidad. Esa realidad que vemos todos los días en nuestra realmente real vida real. Y nos duele como si nos hubieran pegado a nosotros, porque en la vida real, por muy bien que te lo pases, al final todo pasa, y creces y todas esas cosas que nuestros padres siempre dicen que pasan (y que nosotros no terminamos de creer).
Y bueno amig@s, básicamente esto es lo que puedo comentar sobre el asunto sin desvelar nada (que, por cierto, no dejéis que os hagan spoiler, creerme, merece la pena verlo, aunque sea para llorar o destrozar la pantalla del ordenador, eso ya es a vuestra elección).

Sed felices. Pero que sepais, que yo esta noche me revolveré en la cama. Y espero no soñar con cosas feas.

Boa Noite

martes, 25 de marzo de 2014

Fragmentos

Nunca me dices que no a nada.
Nunca me dices que no puedo, que no debería, que no lo intente de nuevo
que no hay esperanza
Nunca me dices que no me vaya, que no me aleje
ni extienda mis alas,
que no podemos si no estamos juntos.
Nunca me dices que no confíe en ti, en nosotros
que no merece la pena
y que no luche por mis sueños mas locos
(...)


(...)
Mi lengua es la cascada por donde desfilan tus ansias de comerme.
La piel, solo un orgasmo más.


(...)
Cada vez se me pegan más las sábanas, y yo sin disolvente para rutinas.

miércoles, 12 de marzo de 2014

¿Nostalgia?

Hoy he ido a darme un paseillo por mi barrio aprovechando que no hace ni sol ni frío, y he pasado por delante del que fue mi antiguo instituto. Qué raro se me hace ahora, y qué lejano. Pero lo más extraño, es que ya no queda nadie allí por quién seguir pasando a saludar. Ni amigos repetidores, ni de cursos mas bajos, ni de algún ciclo, ni siquiera mi hermana. Todos han terminado por dejar ese peculiar nido. Ahora, al pasar por los bancos donde se sientan los que se fugan, solo veo caras desconocidas. Al sonar la campana y salir una multitud de adolescentes cargados con sus mochilas a fumarse un cigarro, no veo a ningún viejo conocido a quién acercarme a saludar y comentar cómo va la vida, cuantas le han quedado o cómo lleva la selectividad.
Es raro, pero tanto tiempo queriendo dejar atrás esa etapa, y ahora vuelvo la cabeza con una mezcla de nostalgia y sensación de superioridad. Al fin y al cabo, fuimos supervivientes de aquellos pasillos interminables, de los exámenes en el aula 39 (¿o era la 29?), de las chonis gorronas de la cantina que siempre te pedían dinero, de los recreos en nuestra sala de alcoholicos anónimos, de los profesores que pasaban de nuestra cara... No lo parece, pero el instituto siempre es un lugar duro para un adolescente que aún está por construirse. Siempre hay alguien que cuando descubre tus debilidades, trata de paliar las suyas propias haciendo gala de esa crueldad que solo saben tener los adolescentes.
Pero qué bien nos lo pasábamos. Qué felices y ajenos a todo vivíamos. Qué grande y a la vez qué pequeño parecía el mundo entre aquellas cuatro paredes, y la cerveza de los viernes. En una palabra, lo describiría como intenso.
Y tras este telón de fondo siempre estaba un lugar de refugio y estudio, la biblioteca. Cuando las clases se hacían demasiado tediosas, o en educación física no teníamos ganas de hacer el imbécil tras una pelota, ahí estaba ella, repleta de cómics y mangas cochinos que estaban esperando caer en nuestras manos para echarnos unas risas, o sumergirnos en su apasionante lectura, quién sabe.
Y las tardes, las mañanas y las noches estudiando sin parar para sacar un mísero 5, los cafés de las máquinas, los kinder bueno robados del mercadona...
Tantas emociones, que ahora, cuando veo salir a esos chiquillos desconocidos, pienso "¿harán las mismas cosas que hacíamos nosotros?". Realmente, tampoco han pasado tantos años, pero sí los suficientes como para darme cuenta que definitivamente, ese lugar quedó atrás para siempre, y ya no hay personas ni lazos que hagan que me pare en la puerta a esperar. Solo queda pasar de largo y echarle una mirada crítica a las nuevas generaciones.
Porque nosotros siempre seremos la mejor.

martes, 11 de marzo de 2014

Sobre los teclados de ordenador y el apocalipsis zombie

Es de todos sabido que los teclados de ordenador probablemente sean de los seres mas repugnantes y menos conocidos sobre la faz de la tierra. Y nadie puede negar tal hecho. Ese bocadillo grasiento que te cenaste a toda prisa mientras terminabas un trabajo en vísperas de entrega, esa bolsa de palomitas mientras veías el final de Breaking bad un domingo de resaca, esa pajilla improvisada que te pilló sin un pañuelo a mano, y por supuesto, ese catarro por culpa del cual todavía rascas mocos costrosos del monitor. 

Sin duda alguna, todos estos desechos de nuestra actividad más pueril, van a parar inexorablemente entre las letras del teclado, sabiendo que difícilmente volverán a salir. Y ahí termina todo lo que sabemos de los teclados de ordenador. Tratar de limpiarlos es en vano. ni sacudirlos boca abajo, ni pasarle el espolsador, ni la bayeta, ni la aspiradora (algunos lo han intentado, es verídico). 
De vez en cuando, por catástrofes del destino, una letra de nuestro portátil sufre un golpe de muerte y se desprende del teclado, dejando un hueco del que solo nos acordamos cuando vamos a clicar la letra "ç". Y entonces nos cagamos en todo. 
Pero además, cuando esa desventurada letra desaparece, nosotros nos asomamos, como son miedo, a ese abismo que hay en el interior del teclado, pensando que se le saldrán las tripas, o peor, que saldrá toda esa mierda acumulada durante años. Pero qué va, la jodida se incrusta bien y no hay manera de sacar ni una pelusa de cerumen. 

Toda esta incertidumbre y ocultismo ante algo tan cotidiano solo puede desembocar en una cosa: Apocalipsis zombie. Os lo explicaré, es muy sencillo. Por cultura general, deberíamos saber que las primeras células se formaron a partir de concentraciones altísimas de distintas moléculas orgánicas que se unieron entre sí a causa de la radiación y el calor. 
De esta manera, nuestro ordenador se convierte en un caldo de cultivo de cualquier alimaña unicelular, y sin duda desconocida y peligrosa, que pueda generarse a partir de restos de todos esos pelos, pelusas, migas de pan, y encima gotas de semen. La pandemia solo ha comenzado a gestarse.
Lentamente, en cada uno de los hogares habitados por un ordenador o su respectivo teclado, las personas que pasan mas de una hora frente a la pantalla comienzan a caer enfermos. Nadie sabe qué tipo de dolencia es la que les afecta, pero por alguna extraña razón, los infectados (como se les ha comenzado a llamar) se vuelven de un tono verdoso y al cabo de unos días mueren... no sin antes contagiar por medio de mordiscos y arañazos a todo cuanto se interponga en su camino. El pánico se apodera de la población mundial, miles de personas caen infectadas, y otras tantas logran escapar a regiones inhóspitas donde escasea la comida y el agua. Desesperados, los últimos supervivientes de la raza humana se lanzan una misión suicida en busca de alimento, regresando a la ciudad. Y lo que allí encuentran son ni mas ni menos que los inocentes teclados de ordenador, intactos después de tanto tiempo. 
Ha llegado el momento de la verdad, de terminar por fin con el reinado del terror y descubrir de una vez por todas qué se esconde debajo de esas mugrientas teclas. 
Y con la ayuda de maquinaria pesada y mucho esfuerzo, consiguen abrir una de estas cajas del diablo. El hallazgo sorprende a todos. ¡COMIDA! 
Tras años de maceración, los virus malignos y las migas de pan duro han vuelto a mutar, creando fermentos que han hecho que bajo las cálidas letras del teclado, brote una pasta oscura y ultra-energética que hace inmunes a los infectados. El sabor no es muy bueno (aún se reconocen las trazas de semen), pero es la cura definitiva para la humanidad, y el inicio de una nueva civilización que renacerá de sus cenizas.

Así que llevaos ojito con los teclados, que de un día para otro pueden ser salvadores o destructores de nuestra especie. Tratadlos bien.

sábado, 1 de marzo de 2014

Hola, soy el futuro, y ya estoy aquí

Sé que siempre habéis estado hablando de mí. Siempre me alabáis o criticáis, me sacáis de madre, me ponéis creces o me cortáis las alas. Siempre con mi nombre en la boca, y ni siquiera me conocéis, nunca os vais a topar conmigo, incluso muchos cuestionáis mi existencia. Ilusos, creíais que nunca podríais alcanzarme y por eso, despreocupados, os dedicasteis a haceros ilusiones y crear mundos invisibles que en "el futuro" serían reales. Pero un día vas por la vida como si nada, como siempre, y de repente te cruzas con un extraño al que reconoces al instante, Y sientes pánico de que esté ahí. Y entonces te preguntas, ¿y ahora qué?

///Un retal de hace tiempo, disfrutadlo///

martes, 25 de febrero de 2014

El porqué de las golondrinas

He visto caer torres más altas que la mía a mi alrededor, esparciéndose sus cenizas en el cielo que antaño fue azul, mientras las tenues luces se apagan. Y cada vez que se desploma otra, yo me pregunto de nuevo el porqué de mi suerte. El porqué seguimos al pie del cañón, ignorando toda la destrucción que se cierne a nuestro paso, todas las historias sin final feliz, todos los malos augurios, y las noches de insomnio. 
Pueden ser las musas, o el destino, o la estadísticas de población, la física cuántica, la biología molecular... Puede que haya encuentros que solo sucedieron para terminarse, pero son esas pequeñas cosas las que me hacen darme cuenta que me iluminas por dentro si algo me recuerda a ti, si cuando paseo por la calle, distraída, te siento de repente cerca, y un soplo de calor me devuelve las ganas de dar otro paso a lo desconocido.
El futuro es incierto como una indefensa golondrina tras la que se cierne el invierno. Ah las golondrinas. Qué pequeñas y titubeantes se ven, y qué fuertes de voluntad, sin embargo. El amor es como una golondrina, frágil pero valiente, insignificante y a la vez capaz de cruzar volando el ancho mundo, hasta llegar, no importa donde. Llegar. Para de nuevo irse y volver. Pero siempre volver.

martes, 18 de febrero de 2014

Lo que hay por encima de las nubes

Volar siempre me hace sentir bien. Es una mezcla entre la humildad de sentirse insignificante en un universo enorme, y la grandiosidad de estar por encima (literalmente) de toda criatura viviente. Pero sin duda alguna, lo que más me gusta de volar, es ese mundo mágico que aparece cuando el avión se eleva por encima de las nubes. Ese mundo luminoso y como de algodón, donde no existe la lluvia, ni los edificios grises, ni el asfalto, ni los bosques, ni los caminos, ni el barullo de la gente, ni siquiera existe el suelo y los animales. Es un mundo perfecto y rosado. Si existe el cielo o el infierno, seguro que tendrán ese aspecto. Si escribiese una novela de fantasía, me inspiraría en ese universo para crear el mío propio. Me fascina más de lo que me ha fascinado cada uno de los paisajes asombrosos que he podido llegar a ver. Es una realidad utópica de la que no quieres despertar, allí, por encima de todo, dejando atrás lo mundano de la vida cotidiana.

Lo peor que me puede pasar en un avión, es no tocarme ventanilla.