miércoles, 26 de noviembre de 2014

Momento ornitológico del día: Zorzal Real

Hola queridos frikiamigos. Con este post quiero dejar clara otra de mis aficiones (frikadas) y ya de paso inaugurar una nueva "sección" en este blog. El maravilloso mundo de la ORNITOLOGÍA.

Para los menos entendidos, me gustan los pájaros. Dicho así no suena tan divertido, pero con esta nueva sección pretendo acercar de manera soportable (aunque sea de lejos) el mundo de los pajaritos y de mi (in)sana afición al resto de mortales que, al contrario que yo, todavía caminan por la tierra sin levantar la vista a nuestros vecinos voladores.

Para empezar, los pájaros en realidad solo son una porción de la basta clase que son las aves. Los pájaros son la forma vulgar de llamar al género de los passeriformes, aka, gorriones, mirlos, cuervos y ya paro, porque creo que he captado tantísimo vuestra atención con estas últimas palabras que no vais a querer que hable de otra cosa nunca más.

Y yendo un poco más al grano, hoy me siento orgullosa de haber realizado una observación realmente interesante. Este pájaro (si, es un paserino) que veis aquí abajo se llama Zorzal Real, (Turdus pilaris) es pariente de nuestros conocidos mirlos, y lo he avistado esta mañana en un parque cercano a mi casa, escondido en un ciprés, mirándome con desconfianza cuando me ha visto con la cámara. Y os preguntaréis por qué es tan fascinante este pequeño bichejo. Pues bien, este pájaro es típico del norte de europa, donde allí es como nuestras merlas murcianas, ruidosas y confiadas. Pero rara vez se le ve tan al sur de europa (ni de Murcia) y mucho menos en zonas tan cálidas y llenas de gente como es el centro de una ciudad. Suele estar en el monte y ser tímido, casi imposible de ver.
Por eso resulta tan curioso haberme encontrado a este animal aquí, porque no es su hábitat, no es su lugar de paso ni de invernación (recordemos que muchas aves emigran), y ni siquiera se va a topar con otros de su especie, así que, ¿Qué estaba haciendo aquí?

Esta es una de las cosas que me gusta de las aves. La mayoría siguen unos patrones de comportamiento típicos de cada especie, como el resto de animales, pero de vez en cuando hay alguna descarriada que no se sabe muy bien por qué, coge un rumbo diferente a sus congéneres, vuela decenas o cientos de kilómetros y termina apareciendo en la otra punta del mundo. Y casos como este no son aislados. Pajarillos estadounidenses cruzan el atlántico y llegan a nuestras costas para terminar muriendo en un lugar para el que no están adaptados y aves que nacieron en el norte de Europa aparecen casi al borde de África, ¿Por qué hacen esto? No podemos saberlo realmente, pero si en mi intento de convertirme en pájaro, consigo aprender a hablar con alguno, sin duda se lo preguntaré

Buenas y ornitológicas noches.




Fotografías realizadas por mi, con una cámara Canon cuyo modelo desconozco, ya que nunca me fijo en esas cosas.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Sobre gilipollas y otras bestias

Ya sabemos que el tema está trillado. Ya sabemos que hay miles de imágenes en internet expresando con poesía y fotos de dudosa procedencia, nuestro desprecio incondicional hacia algunos seres con los que, por desgracia, compartimos existencia.
Ya sabemos que el odio es caca, y que las palabrotas son feas, pero hoy, como excepción, y con perdón de mi mamá (a la cual no le gustan nada las cosas feas) voy a hablar de esa especie que abunda entre nosotros, cada día con más insistencia: los gilipollas.
No voy a ser mala y a decir que todos los gilipollas lo son por las mismas razones y en el mismo grado, eso sería vejatorio y discriminante, y aquí, ante todo, queremos fomentar el respeto y la dignidad.
En lo más alto de la escala de gilipollismo, tendríamos lo que solemos llamar el gilipollas integral. Nada más cruzar las primeras palabras con él, te das cuenta de que emana gilipollez, así que intentas no tocarlo demasiado, por si acaso es contagioso. Una vez lo vas conociendo mejor, confirmas sin lugar a dudas que es gilipollas, y no existe remedio ni cura. Pero lo mejor llega cuando ya adquieres un cierto grado de confianza, entonces es cuando empiezas a considerar hacer un estudio científico acerca de la gilipollez, sus grados de intensidad, sus consecuencias, y sus (improbables) curas.
Y así, queridos lectores, es como me encamino a describir al gilipollas ignorante. Pensamos que la mayoría de gilipollas ignoran su propia condición de gilipollas, gran error. El gilipollas integral ya está acostumbrado a que el resto de mortales le tachen de gilipollas, así que es normal que comience a olerse algo, o incluso que asuma su rol con total naturalidad, creando un ambiente simbiótico y  casi satisfactorio tanto para el propio gilipollas como para quienes tienen que sufrirlo. Pero el gilipollas ignorante es el que vive pensando que el mundo le ama (o al menos le soporta), que la humanidad necesita de su ayuda y sabiduría infinitas, y que, por supuesto, él jamás ha sido ni será, un gilipollas de pata negra. Gran falacia, porque sin duda, esto desencadena en una subespecie casi más terrorífica, y que abunda sobre todo en centros "educativos" y burocráticos. Es el bien conocido, gilipollas pedante. Ese que abre la boca, y ya no hay marcha atrás. De sus labios solo sale una cascada de gilipolleces mezcladas con algún que otro cultismo, que suelen dejar en un estado de confusión mental a quien las escucha, ya que a priori, los estudios superiores o el alto rango social nos hacen pensar inocentemente que nos encontramos frente a alguien libre de gilipollez. El antídoto infalible ante este gilipollas, es saber detectarlo a tiempo, sonreir, asentir, y olvidar lo más rápido posible sus palabras.
Y por último tenemos al más escurridizo de todos, el Gilipollas de incógnito
Esta especie de gilipollas es especialmente peligrosa, porque no lo ves venir. No desprende esa fragancia del gilipollas integral, no habla como un gilipollas pedante, y como tú mismo desconoces su gilipollez, no puede tratarse del gilipollas ignorante. Esta especie de gilipollas es imprevisible, no sabes en qué momento va a desvelarse su condición de gilipollas, se han dado casos de gilipollas de incógnito que han permanecido en el anonimato durante años. La única cura contra este tipo de gilipollas, es la eliminación de raíz de dicho gilipollas en la vida del afectado, cuando se detecten los primeros síntomas de gilipollez.
Con este post, pretendo poner de manifiesto un estudio científico-sociológico exhaustivo que llevo realizando a lo largo de mis (pocos) años de vida, y que, seguramente, habrá que ir ampliando, a medida que se vayan descubriendo nuevas y fascinantes especies de gilipollas. Cualquier aportación a esta incomprendida pero prometedora ciencia será agradecida por la comunidad científica, y por las personas que, como yo, cada día tenemos que lidiar con estos seres, los gilipollas.



Ilustración de Octavio Streitenberger. Su tumblr: http://octstreitenberger.tumblr.com/

domingo, 16 de noviembre de 2014

Manifiesto Mayusculino II

Amig@s y amantes, si os quedasteis con ganas de más, aquí os traigo, en primicia y remasterizado, la segunda parte del Manifiesto Mayusculino, escrito hace mucho, con mucho amor. Disfruten de mi delirio mental.

La Mayusculinidad, muchos me habéis preguntado qué es eso, y algunos a los que he respondido me han mirado con desdén y han arrullado en sus brazos a las reglas ortográficas consonánticas con un aire de conservadurismo de ese del que dan ganas de pegarle un galimatazo. 
Puede que, al fin y al cabo, no haya profundizado lo suficiente en la ESENCIA de la Mayusculinidad. Porque de todos es sabido que la Mayusculinidad es un movimiento libertario de la gramática de la Mayúcula y la minúscula, con objeto de alcanzar el grado de expresión necesaria que necesitamos muchos a la hora de crear mediante las letras, y promotor de la evolución lingüística creativa, véase, la invención de palabras utilizando prefijos ya cultivados, o bien plantando semillas semánticas totalmente nuevas que puedan poner nombre a esas palabras que aún no se saben pronunciar.

Pero amigos, hay más, por encima de las personas que nos miran con desdén y superioridad, o de aquellos que no entienden y que no van a entender nunca, por necios.
La esencia de la Mayusculinidad, señores, es esa necesidad expresiva que lleva a las personas a agujerear el folio con el bolígrafo de rabia porque no ha encontrado las dos palabras adecuadas, o ese momento de paz inmensa que te llena cuando las consigues, y con ellas dices tanto, son tan gordas en su significado personal, que van a reventar de un momento a otro, y te van a salpicar en la cara, y tu vas a sonreir de gozo, y vas a gritar y a saltar sobre un campo de florecillas blancas.

Esa es la esssencia, no lo entendeis? La misma palabra lo dice, lo susurra, lo sugiere entre esa sensual S y esa elegante C. 
Es la necesidad, es esa angustia y esa euforia que se remezclan cuando tienes un lápiz, un teclado, un pincel de cola de gato, un serrucho o cualquier instrumento manual que se precie que te permita liberarte y dejar que salgan los chorros de NECESIDAD que están empujando por escaparse de tu mente, ya sean redondos, escritos, amorfos, tambaleantes, ilegibles, repetitivos. Es tu mayusculinidad en estado puro, es lo que me impulsa tras cada espacio y lo que me excita tras cada intro, al terminar un párrafo.

La mayusculinidad es como los culos. No todo el mundo la tiene. Hay gente que hace caca por otro agujero que les han hecho porque le han extirpado el intestino grueso. Es verídico, me lo contó una amiga enfermera.

Bienaventurados sean los mayusculinos, porque son aquellos que tendrán un intestino grueso sano.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Una serie de desastres no intencionados

Inauguro una nueva "sección" de este blog, y esta vez (por fin) en clave de humor a costa de mi persona. Os voy a contar a modo de microrelatos algunas de las peripecias cotidianas en las que me veo envuelta a menudo, y que ya pedían a gritos un testimonio escrito. Llamémoslo consecuencias de mi desastrismo innato. Espero que os hagan reir.


Lunes. Mediodía. Salgo de casa con intención de comprar el pan y ya de paso pasear a mi perro Riki, como suelo hacer todos los santos días. Después de que mi mascota eche sus correspondientes meaditas, me dirijo a la tienda, dejo a Riki atado con la correa en un objeto de mobiliario urbano que aún a día de hoy no he logrado identificar y entro a comprar el pan. Salgo con dos barras tranquilamente, y me dirijo a casa pensando en qué voy a hacer de comida. Quizás pueda volver a hacer pollo en salsa, si es que queda pollo. Empiezo a sacar la llave del portal cuando me doy cuenta de un pequeño detalle: Riki no está conmigo. Me lo he olvidado en la tienda atado a la cosa rara azul. Vuelvo sobre mis pasos todo lo rápido que puedo mientras se me cae la cara de vergüenza interiormente, rezando por que no me vea ningún vecino en mi descuidada hazaña. Cuando llego a la tienda ahí está Riki, mirándome con cara de abandonado. Lo desato rápido y me alejo de la escena del crimen disimulando el hecho de que "He olvidado a mi perro en una tienda. La gente normal se deja la cartera, o los deberes, o el paraguas. Yo me dejo a mi perro. Si alguna vez tengo hijos, que dios los pille confesados."



Este es Riki


martes, 16 de septiembre de 2014

Decir adiós

Éramos como un perro viejo, y todo terminó como la muerte sin dolor de una dulce eutanasia. Nos fuimos extinguiendo como la vida palpitante se extingue por las venas de este dolorido cuerpo. El final sucedió en un suspiro, solo perceptible por el leve pinchazo que debe producir la muerte, y una lágrima por cada recuerdo que acude a mi mente, como con cuentagotas, despacio pero incesante.
Aún me siento acurrucada, pensando que me despertaré y seguiremos caminando de la mano, sin llegar a comprender qué ha pasado y en qué momento el decaer se volvió irreversible, o si es que en realidad solo retrasábamos algo que tenía que suceder, como una enfermedad que te va matando lentamente. Todavía no me creo a mí misma, pero el dolor me hace saber que hemos hecho lo correcto, y de la mejor manera posible.
Ahora debemos seguir aprendiendo, debemos continuar con la cabeza alta, pero mi negación me dice que esto es solo un paréntesis, una bifurcación de caminos que algún día volverán a encontrarse. Siento como si me hubieran vaciado el pecho con una de esas herramientas para servir helado, y en su lugar se hubiera quedado un hueco de entrañas sangrantes que no parecen ir a cicatrizar.
Valor, muros más grandes cayeron, y seguimos en pie. Era necesario decirlo.
Ilustración de Francisco J. Hernández

domingo, 15 de junio de 2014

Y es aún más necesario...

Para continuar la estela no tan típica de la anterior entrada, ahora si, vamos a ponernos serios.
Volver es siempre una sensación agradable, pero a la vez rara. Después de haber estado tantos meses en una especie de universo paralelo, volver al mismo lugar donde al parecer se detuvo el tiempo en el momento en que te fuiste, es raro. Raro porque al volver, te das cuenta que no eres la misma persona, pero aquellos a los que dejaste aquí parecen no haberlo notado. O quizás es que tampoco eres tan imprescindible.
Pero sienta bien pisar suelo conocido. Y es aún más agradable pensar que cuando vuelvas allí, sentirás esta misma sensación de reencuentro. Porque habrá un reencuentro. O eso quiere hacerme creer mi cabeza, que todavía no asimila que aquella vida sencillamente se haya acabado.
Pensé sinceramente que iba a ser más difícil, que habría lágrimas y abrazos y nomeolvides. Pero es mejor así. Hay que saber despedirse con estilo y brevedad. Creo que el síndrome post-erasmus irá llegando lentamente, cuando empiece a notar que esto no son las vacaciones de navidad, que no habrá un "go back". Aún tengo demasiado frescos todos los recuerdos y las personas, y tengo la sensación de que mañana volveré coger el metro para ir a la ESAD y escucharé a los profesores hablar en portugués, que el lunes veremos juego de tronos con palomitas, y el jueves iremos a Tendinha a tomar una cerveza de tranquis que se convertirá en una noche de fiesta. El sábado iremos al Flea Market, y si hace bueno, a la playa a jugar al Volley. Por la noche oiré pasar a los trenes una y otra vez, y me asomaré a la ventana, que está siempre abierta, a refrescarme con la brisa nocturna.
Pero ahora solo reina el ruido monótono del ventilador sobre un silencio artificial.
La vida me dio la oportunidad de descubrir que existía otro universo, de vivir en él y empaparme de todo lo bueno que tenía, me dio la fuerza para tirarme a una piscina que no sabía si estaría vacía o llena, no sin pasar mucho miedo en el acto. Y al final aquí estoy, en el mismo sitio donde comencé esta aventura y con una especie de resignación-melancolía-optimismo que me da un nosequé que queseyó.
No cambiaría este curso por nada del mundo. Ha merecido la pena, si señor. Y me llevo unos amigos que son de campeonato. De hecho, se merecen un premio por convivir con mi persona, y el desastrismo asociado a ella. No necesito mencionar nombres, ustedes saben quienes son y de qué maneras habéis contribuido a la felicidad oporteña de esta menda.
Solo queda decir, nos volveremos a ver! tened por seguro que así será, este planeta es demasiado pequeño!

Vistas desde la ventana. La estación, la lluvia y el rio

sábado, 14 de junio de 2014

Es necesario...

Después de este año simplemente indescriptible de Erasmus en Porto toca decir adios. Y lo típico sería escribir una emotiva carta nombrando a todos los amigos inolvidables que he hecho, contando anécdotas y experiencias que me han marcado, y por último poniendo unas palabras de aliento-motivación-emoción para culminar con una llantera digna de un neonato.
Y eso es justamente lo que voy a hacer, hoy voy a dejarme llevar por mi lado mainstream y os voy a hacer llorar casi tanto como yo. Es broma.

 "Today, is not the day I cry" 


Y como nuestro amigo Oberyn, seguramente falle estrepitosamente en mi cometido. Pero eso es una historia que os contaré otro día.