No soy menos mujer
por depilarme menos
No soy menos hermosa
por comer más
No soy menos inteligente
por no gustarme la política
No soy menos valiente
por aceptar mis limitaciones
No soy menos divertida
por querer estar sola
No soy menos independiente
por enamorarme
No soy menos que tú
aunque tú seas menos joven
No soy menos. Aunque sepa que siempre pude ser más.
martes, 30 de junio de 2015
domingo, 12 de abril de 2015
Heme aquí, despelotando al corazón para vestirlo de fiesta.
La
dura y asquerosa vida nunca fue tan sencilla.
Me di cuenta el día en que me dejé caer en aquella cama, exhausta, como se está siempre que haces un largo viaje. Pero algo había cambiado definitivamente, mi mente estaba en paz. En mi conciencia no se agolpaba la necesidad de llamar o escribir a nadie para decir un "buenasnochestequiero". Sentí el picor de la costumbre y el recuerdo de aquel tiempo, pero esta vez ya no me sentí triste.
Sentí calma, tranquilidad y por último certeza. Certeza de saber que aunque siguieran tus muebles en mi cabeza, tú te habías marchado definitivamente y no debías volver. Porque me encontraba feliz tal y como era en ese momento. Sin pensamientos que dedicarte, sin palabras que recordarte y sin el deseo fugaz de que ojalá estuvieses conmigo.
Solo yo, el viento, el sol y perderme un rato.
Una canción para sentir la vida muy fuerte y bonito.
Me di cuenta el día en que me dejé caer en aquella cama, exhausta, como se está siempre que haces un largo viaje. Pero algo había cambiado definitivamente, mi mente estaba en paz. En mi conciencia no se agolpaba la necesidad de llamar o escribir a nadie para decir un "buenasnochestequiero". Sentí el picor de la costumbre y el recuerdo de aquel tiempo, pero esta vez ya no me sentí triste.
Sentí calma, tranquilidad y por último certeza. Certeza de saber que aunque siguieran tus muebles en mi cabeza, tú te habías marchado definitivamente y no debías volver. Porque me encontraba feliz tal y como era en ese momento. Sin pensamientos que dedicarte, sin palabras que recordarte y sin el deseo fugaz de que ojalá estuvieses conmigo.
Solo yo, el viento, el sol y perderme un rato.
Una canción para sentir la vida muy fuerte y bonito.
sábado, 28 de marzo de 2015
La culpa fue del contexto
De las formas, del contenedor, de la caja en la que están recogidas todas nuestras vivencias.
De la casa en la que crecí, de la cama que compartimos, del coche, de la caja que guardaba en la mesita de noche.
La culpa fue del viaje, del avión, de la maleta.
De cuatro paredes, o tres. De un muro, de un banco.
La culpa la tienen nuestros cráneos, nuestros cerebros, nuestros pensamientos que recogen dentro de sí todo lo que somos, fuimos y seremos.
La bolsa dentro de la caja, dentro del armario, dentro de la casa.
Solo somos, fuimos eso.
De la casa en la que crecí, de la cama que compartimos, del coche, de la caja que guardaba en la mesita de noche.
La culpa fue del viaje, del avión, de la maleta.
De cuatro paredes, o tres. De un muro, de un banco.
La culpa la tienen nuestros cráneos, nuestros cerebros, nuestros pensamientos que recogen dentro de sí todo lo que somos, fuimos y seremos.
La bolsa dentro de la caja, dentro del armario, dentro de la casa.
Solo somos, fuimos eso.
jueves, 5 de marzo de 2015
Up to the sky
Que se nos vaya la olla
un rato. Que no pensemos tanto y nos dejemos la camisa sin remangar cuando
juguemos con la pintura, y el bote del agua sucia sin lavar una semana. Vamos a
darnos un salto o dos a la valla del vecino, y vamos a colarnos por las
rendijas de lo politicamente correcto como ratoncillos en una alacena. Vamos a
echarnos a la espalda la mochila, y vamos a dejar al miedo confiscado en el
control del aeropuerto. Vamos a guiñarle un ojo al camino, y a sacarle el dedo
al pasado, que seguro no volverá para vengarse.
lunes, 22 de diciembre de 2014
Otro balance de 2014 (prematuro)
Y es que, a escasos días de que termine este año, ya me ha acuciado la necesidad de escribir otra vez. Y hay que dejar salir a las musas o a los demonios, según se preste el día.
2014 comenzó en lo más alto de la más alta torre. En la cúspide de la grandeza idílica de mi existencia. El 1 de Enero de 2014 yo era inmortal, indestructible e imparable. Flotaba por el cielo como una diosa sabedora de su poder. Cada cosa pequeña parecía enorme y gloriosa. La vida entre Murcia y Porto hoy me parece un sueño magnífico del que no querría haber despertado. La intensidad de los sentimientos, el contexto creativo y la libertad, sobre todo la libertad, se me antojan ecos de una vida que casi no me creo haber merecido. Las personas, tal y como eran en aquella foto de fiesta de nochevieja, vestidos de gala, con grandes sonrisas en la boca, deberían haberse quedado petrificados en el tiempo, tal cual, para que ese instante de enormidad nunca hubiera desaparecido. Pero inevitablemente el calendario prosiguió su avance, y luego llegaron la primavera y las despedidas. Esas despedidas de "hasta pronto", que algunas se cumplieron, otras están por cumplir y la mayoría nunca sucederán. Hasta que por fin amaneció el verano. Ese absolutamente grandioso verano en el que por fin me sentí que estaba haciendo las cosas como verdaderamente quería, y como buenamente podía. Esos casi tres meses infinitos y rebosantes de experiencias e ilusión. Ese avistamiento fugaz de un futuro radiante y lleno de posibilidades. Esas ganas de comerme el mundo junto a aquellos a quienes creía no perder jamás. Y entonces llegó el otoño, y la realidad me sacudió con toda la fuerza que solo ella sabe dar a quienes pecan de soñadores. Él me trajo una rutina que ya quedaba muy lejana, de las que se arrastran como caracoles bajo la tormenta. Una rutina que me viene consumiendo despacio, y va hundiendo cada paso que intento avanzar en un repulsivo lodo, que ralentiza el tiempo y arruga mis manos. Y es en este dantesco viaje de las cumbres del Olimpo a las lodosas cloacas del inframundo, en que me he dado cuenta de esas cosas que suelen decirnos los mayores, que nosotros preferimos ignorar. Ya sea por vanidad, o simplemente por despreocupación, nunca vamos a hacer ni puto caso. Porque las experiencias no se sienten en la piel ajena. Y porque cada uno tiene su culo, y cada culo tiene su particular ojete con el que mira la vida desde su particular y única perspectiva de ojete.
Supongo que una vez has descendido a lo más hondo de la mierda de tu propio ojete, solo cabe ir subiendo peldaños. ¿Pero y si...? El miedo sigue por ahí acechando desde su rincón de siempre. Habrá que ser precavido. O impulsivo. O ambas cosas. Habrá que iniciar nuevos viajes, y mejor no quedarse quieto. Eso es lo que querría el miedo. No le voy a dar ese placer, no todavía. Que venga el 2015, le estaré esperando con los ojos abiertos.
Dibujo realizado por mí (Irene Álvarez). Todos los derechos reservados
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Las generaciones ¿perdidas?
Voy caminando por la calle con mi perro Riki, del que ya os he hablado en alguna ocasión, y que apenas me llega a la mitad del gemelo, éste atado con la correa y caminando junto a mi. Son las dos de la tarde, hora de salir del colegio los niños, y me doy cuenta de un suceso curioso. Los niños con los que me cruzo por la acera, a menudo se apartan del camino del perro, o a lo peor los aparta su madre, que ha venido a recogerles del cole y que miran con cierto recelo al animal que se interponía en el camino de sus retoños. Giro una esquina y me encuentro casi por sorpresa con otro niño y su madre, que asustado, da un brinco al verse tan cerca de semejante bestia peluda.
Y de esta forma viene a mi mente la idea de (d)escribir acerca de estas nuevísimas generaciones casi salidas del cascarón, en las que tan poco me he fijado y que, sin embargo, tan cruciales son. Y no solo pasan desapercibidas para mi, cosa que es normal, ya que actualmente no tengo ningún contacto habitual con niños de entre 3 y 10 años, sino también para numerosos colectivos que exaltan, entre otras cosas, la igualdad de género, la eficacia educativa y otras tantas reivindicaciones que nos aluden a todos, pero en los que se olvidan de las verdaderas víctimas, a mi parecer, de todo esto. Los niños.
El simple hecho de mirar un rato un canal infantil como puede ser Disney Channel, ya haría a cualquier persona feminista tirarse de los pelos al ver las bombas sexistas que les lanzan a esas pequeñas y maleables mentes. Cualquiera que piense que vivimos en una sociedad donde las desigualdades y los roles de género se están difuminando en pos de una existencia igualitaria para hombres y mujeres, cualquiera que aún sostenga que el feminismo dejó de ser necesario en el momento en que empezamos a ser conscientes de nosotras mismas, es que nunca ha visto Disney Channel. Ese canal es casi como un anticristo de la educación en valores de igualdad.
Entre sus numerosas y ciertamente absurdas sitcoms infantiles protagonizadas por divas del pop adolescentes con el pelo perfecto, nos encontramos algún que otro programa de minitalentos (de los cuales ya despotricaré en otra ocasión), películas clásicas de la firma disney (en mi opinión lo único que salva este canal) y, aquí viene la bomba, anuncios. Anuncios de juguetes. Anuncios de cosas rosas y con purpulina para niñas, y anuncios de cosas azules y con rayos para niños.
Y direis, oh, que tiene de terrible eso, yo me he criado con esos anuncios. Ya, y yo también. Lo que me resulta aterrador no es que yo me haya criado con esos anuncios hiperrecargados de purpulina y princesas de cuento de hadas. Es que esos anuncios son exactamente los mismos que los que ven los niños de hoy en dia, los niños de la generación tablet, los niños que les tienen miedo a los perros, los niños que, cuando tengan mi edad, pensarán con resignación que su infancia giró en torno a una educación sexualizada, al igual que la mia, y que la de mi madre y posiblemente la de mi abuela.
Nada está cambiando si seguimos criando a los niños como conductores de ferrari y a las niñas como fashionistas. Y no son tópicos, es la pura verdad. Es la verdad que ellos ven en la tele, es la verdad que ellos ven en las tiendas de juguetes, es la verdad que sus padres les transcriben. Y lo que me recome las entrañas es que una parte muy importante de la culpa en todo esto, la tienen los publicistas, los diseñadores de producto, los animadores, los editores de cuentos y un sinfín de creativos más.
¿Por qué las personas que diseñan los anuncios y los objetos para nuestros hijos, siguen las mismas fórmulas caducas que hace 20 años? ¿Por qué la señora que prestó su voz a los anuncios de Barbie de cuando yo era pequeña, sigue repitiendo las mismas palabras? ¿Por qué Barbie es la más fashion? Y por qué en el anuncio del Super T-Rex de imaginex solo salen niños destrozando cosas? ¿Y por qué ese T-Rex tiene esa cara de pocos amigos y sin embargo el dragón rosa de Barbie luce una estupenda sonrisa? ¿Y por qué ese dragón tan amistoso tiene que ser rosa? El rosa es un color estupendo, y es una lástima que esté tan asociado a unos roles de género, hasta el punto de que los niños no quieran al dragón alegre, por ser rosa ¿Y es que acaso a las niñas no les gustan los T-Rex feroces? ¿Es menos feroz un T-rex por ser rosa?
Pero parece que nuestros publicistas se encuentran más cómodos siguiendo las pautas ya establecidas de cajón, y a nuestros diseñadores de producto les importa bien poco que el T-Rex sonría o sea feroz, y luego lo pinten de rosa o de negro. Parece que a los productores de sitcoms infantiles les resulta más atractivo que aparezcan unas chicas de 16 haciéndose pasar por unas de 13, a las cuales se les ha alisado el pelo, para luego rizárselo, para luego volvérselo a alisar, y que despúes interpreten el papel de diva, cursi, indie, incomprendida, super a la última y artista que sueña con Justin Biever y unos zapatos nuevos.
Y tras este cóctel agridulce de realidad y crítica, os invito al debate, ya que opinar sobre estos asuntos siempre da pie a acaloradas discusiones online con las que no siempre me siento cómoda (por eso de los haters y demás fauna silvestre). Pero confío en que mis palabras tengan el calado suficiente como para llevar a la reflexión crítica y al debate civilizado. Cualquier otro comentario al respecto solo tendrá una contestación sensata: LOL U MAD BRO.
Enjoy people.
Y de esta forma viene a mi mente la idea de (d)escribir acerca de estas nuevísimas generaciones casi salidas del cascarón, en las que tan poco me he fijado y que, sin embargo, tan cruciales son. Y no solo pasan desapercibidas para mi, cosa que es normal, ya que actualmente no tengo ningún contacto habitual con niños de entre 3 y 10 años, sino también para numerosos colectivos que exaltan, entre otras cosas, la igualdad de género, la eficacia educativa y otras tantas reivindicaciones que nos aluden a todos, pero en los que se olvidan de las verdaderas víctimas, a mi parecer, de todo esto. Los niños.
El simple hecho de mirar un rato un canal infantil como puede ser Disney Channel, ya haría a cualquier persona feminista tirarse de los pelos al ver las bombas sexistas que les lanzan a esas pequeñas y maleables mentes. Cualquiera que piense que vivimos en una sociedad donde las desigualdades y los roles de género se están difuminando en pos de una existencia igualitaria para hombres y mujeres, cualquiera que aún sostenga que el feminismo dejó de ser necesario en el momento en que empezamos a ser conscientes de nosotras mismas, es que nunca ha visto Disney Channel. Ese canal es casi como un anticristo de la educación en valores de igualdad.
Entre sus numerosas y ciertamente absurdas sitcoms infantiles protagonizadas por divas del pop adolescentes con el pelo perfecto, nos encontramos algún que otro programa de minitalentos (de los cuales ya despotricaré en otra ocasión), películas clásicas de la firma disney (en mi opinión lo único que salva este canal) y, aquí viene la bomba, anuncios. Anuncios de juguetes. Anuncios de cosas rosas y con purpulina para niñas, y anuncios de cosas azules y con rayos para niños.
Y direis, oh, que tiene de terrible eso, yo me he criado con esos anuncios. Ya, y yo también. Lo que me resulta aterrador no es que yo me haya criado con esos anuncios hiperrecargados de purpulina y princesas de cuento de hadas. Es que esos anuncios son exactamente los mismos que los que ven los niños de hoy en dia, los niños de la generación tablet, los niños que les tienen miedo a los perros, los niños que, cuando tengan mi edad, pensarán con resignación que su infancia giró en torno a una educación sexualizada, al igual que la mia, y que la de mi madre y posiblemente la de mi abuela.
Nada está cambiando si seguimos criando a los niños como conductores de ferrari y a las niñas como fashionistas. Y no son tópicos, es la pura verdad. Es la verdad que ellos ven en la tele, es la verdad que ellos ven en las tiendas de juguetes, es la verdad que sus padres les transcriben. Y lo que me recome las entrañas es que una parte muy importante de la culpa en todo esto, la tienen los publicistas, los diseñadores de producto, los animadores, los editores de cuentos y un sinfín de creativos más.
¿Por qué las personas que diseñan los anuncios y los objetos para nuestros hijos, siguen las mismas fórmulas caducas que hace 20 años? ¿Por qué la señora que prestó su voz a los anuncios de Barbie de cuando yo era pequeña, sigue repitiendo las mismas palabras? ¿Por qué Barbie es la más fashion? Y por qué en el anuncio del Super T-Rex de imaginex solo salen niños destrozando cosas? ¿Y por qué ese T-Rex tiene esa cara de pocos amigos y sin embargo el dragón rosa de Barbie luce una estupenda sonrisa? ¿Y por qué ese dragón tan amistoso tiene que ser rosa? El rosa es un color estupendo, y es una lástima que esté tan asociado a unos roles de género, hasta el punto de que los niños no quieran al dragón alegre, por ser rosa ¿Y es que acaso a las niñas no les gustan los T-Rex feroces? ¿Es menos feroz un T-rex por ser rosa?
Pero parece que nuestros publicistas se encuentran más cómodos siguiendo las pautas ya establecidas de cajón, y a nuestros diseñadores de producto les importa bien poco que el T-Rex sonría o sea feroz, y luego lo pinten de rosa o de negro. Parece que a los productores de sitcoms infantiles les resulta más atractivo que aparezcan unas chicas de 16 haciéndose pasar por unas de 13, a las cuales se les ha alisado el pelo, para luego rizárselo, para luego volvérselo a alisar, y que despúes interpreten el papel de diva, cursi, indie, incomprendida, super a la última y artista que sueña con Justin Biever y unos zapatos nuevos.
Y tras este cóctel agridulce de realidad y crítica, os invito al debate, ya que opinar sobre estos asuntos siempre da pie a acaloradas discusiones online con las que no siempre me siento cómoda (por eso de los haters y demás fauna silvestre). Pero confío en que mis palabras tengan el calado suficiente como para llevar a la reflexión crítica y al debate civilizado. Cualquier otro comentario al respecto solo tendrá una contestación sensata: LOL U MAD BRO.
Enjoy people.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Momento ornitológico del día: Zorzal Real
Hola queridos frikiamigos. Con este post quiero dejar clara otra de mis aficiones (frikadas) y ya de paso inaugurar una nueva "sección" en este blog. El maravilloso mundo de la ORNITOLOGÍA.
Para los menos entendidos, me gustan los pájaros. Dicho así no suena tan divertido, pero con esta nueva sección pretendo acercar de manera soportable (aunque sea de lejos) el mundo de los pajaritos y de mi (in)sana afición al resto de mortales que, al contrario que yo, todavía caminan por la tierra sin levantar la vista a nuestros vecinos voladores.
Para empezar, los pájaros en realidad solo son una porción de la basta clase que son las aves. Los pájaros son la forma vulgar de llamar al género de los passeriformes, aka, gorriones, mirlos, cuervos y ya paro, porque creo que he captado tantísimo vuestra atención con estas últimas palabras que no vais a querer que hable de otra cosa nunca más.
Y yendo un poco más al grano, hoy me siento orgullosa de haber realizado una observación realmente interesante. Este pájaro (si, es un paserino) que veis aquí abajo se llama Zorzal Real, (Turdus pilaris) es pariente de nuestros conocidos mirlos, y lo he avistado esta mañana en un parque cercano a mi casa, escondido en un ciprés, mirándome con desconfianza cuando me ha visto con la cámara. Y os preguntaréis por qué es tan fascinante este pequeño bichejo. Pues bien, este pájaro es típico del norte de europa, donde allí es como nuestras merlas murcianas, ruidosas y confiadas. Pero rara vez se le ve tan al sur de europa (ni de Murcia) y mucho menos en zonas tan cálidas y llenas de gente como es el centro de una ciudad. Suele estar en el monte y ser tímido, casi imposible de ver.
Por eso resulta tan curioso haberme encontrado a este animal aquí, porque no es su hábitat, no es su lugar de paso ni de invernación (recordemos que muchas aves emigran), y ni siquiera se va a topar con otros de su especie, así que, ¿Qué estaba haciendo aquí?
Esta es una de las cosas que me gusta de las aves. La mayoría siguen unos patrones de comportamiento típicos de cada especie, como el resto de animales, pero de vez en cuando hay alguna descarriada que no se sabe muy bien por qué, coge un rumbo diferente a sus congéneres, vuela decenas o cientos de kilómetros y termina apareciendo en la otra punta del mundo. Y casos como este no son aislados. Pajarillos estadounidenses cruzan el atlántico y llegan a nuestras costas para terminar muriendo en un lugar para el que no están adaptados y aves que nacieron en el norte de Europa aparecen casi al borde de África, ¿Por qué hacen esto? No podemos saberlo realmente, pero si en mi intento de convertirme en pájaro, consigo aprender a hablar con alguno, sin duda se lo preguntaré
Buenas y ornitológicas noches.
Para los menos entendidos, me gustan los pájaros. Dicho así no suena tan divertido, pero con esta nueva sección pretendo acercar de manera soportable (aunque sea de lejos) el mundo de los pajaritos y de mi (in)sana afición al resto de mortales que, al contrario que yo, todavía caminan por la tierra sin levantar la vista a nuestros vecinos voladores.
Para empezar, los pájaros en realidad solo son una porción de la basta clase que son las aves. Los pájaros son la forma vulgar de llamar al género de los passeriformes, aka, gorriones, mirlos, cuervos y ya paro, porque creo que he captado tantísimo vuestra atención con estas últimas palabras que no vais a querer que hable de otra cosa nunca más.
Y yendo un poco más al grano, hoy me siento orgullosa de haber realizado una observación realmente interesante. Este pájaro (si, es un paserino) que veis aquí abajo se llama Zorzal Real, (Turdus pilaris) es pariente de nuestros conocidos mirlos, y lo he avistado esta mañana en un parque cercano a mi casa, escondido en un ciprés, mirándome con desconfianza cuando me ha visto con la cámara. Y os preguntaréis por qué es tan fascinante este pequeño bichejo. Pues bien, este pájaro es típico del norte de europa, donde allí es como nuestras merlas murcianas, ruidosas y confiadas. Pero rara vez se le ve tan al sur de europa (ni de Murcia) y mucho menos en zonas tan cálidas y llenas de gente como es el centro de una ciudad. Suele estar en el monte y ser tímido, casi imposible de ver.
Por eso resulta tan curioso haberme encontrado a este animal aquí, porque no es su hábitat, no es su lugar de paso ni de invernación (recordemos que muchas aves emigran), y ni siquiera se va a topar con otros de su especie, así que, ¿Qué estaba haciendo aquí?
Esta es una de las cosas que me gusta de las aves. La mayoría siguen unos patrones de comportamiento típicos de cada especie, como el resto de animales, pero de vez en cuando hay alguna descarriada que no se sabe muy bien por qué, coge un rumbo diferente a sus congéneres, vuela decenas o cientos de kilómetros y termina apareciendo en la otra punta del mundo. Y casos como este no son aislados. Pajarillos estadounidenses cruzan el atlántico y llegan a nuestras costas para terminar muriendo en un lugar para el que no están adaptados y aves que nacieron en el norte de Europa aparecen casi al borde de África, ¿Por qué hacen esto? No podemos saberlo realmente, pero si en mi intento de convertirme en pájaro, consigo aprender a hablar con alguno, sin duda se lo preguntaré
Buenas y ornitológicas noches.
Fotografías realizadas por mi, con una cámara Canon cuyo modelo desconozco, ya que nunca me fijo en esas cosas.
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