Que se nos vaya la olla
un rato. Que no pensemos tanto y nos dejemos la camisa sin remangar cuando
juguemos con la pintura, y el bote del agua sucia sin lavar una semana. Vamos a
darnos un salto o dos a la valla del vecino, y vamos a colarnos por las
rendijas de lo politicamente correcto como ratoncillos en una alacena. Vamos a
echarnos a la espalda la mochila, y vamos a dejar al miedo confiscado en el
control del aeropuerto. Vamos a guiñarle un ojo al camino, y a sacarle el dedo
al pasado, que seguro no volverá para vengarse.

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