martes, 16 de septiembre de 2014

Decir adiós

Éramos como un perro viejo, y todo terminó como la muerte sin dolor de una dulce eutanasia. Nos fuimos extinguiendo como la vida palpitante se extingue por las venas de este dolorido cuerpo. El final sucedió en un suspiro, solo perceptible por el leve pinchazo que debe producir la muerte, y una lágrima por cada recuerdo que acude a mi mente, como con cuentagotas, despacio pero incesante.
Aún me siento acurrucada, pensando que me despertaré y seguiremos caminando de la mano, sin llegar a comprender qué ha pasado y en qué momento el decaer se volvió irreversible, o si es que en realidad solo retrasábamos algo que tenía que suceder, como una enfermedad que te va matando lentamente. Todavía no me creo a mí misma, pero el dolor me hace saber que hemos hecho lo correcto, y de la mejor manera posible.
Ahora debemos seguir aprendiendo, debemos continuar con la cabeza alta, pero mi negación me dice que esto es solo un paréntesis, una bifurcación de caminos que algún día volverán a encontrarse. Siento como si me hubieran vaciado el pecho con una de esas herramientas para servir helado, y en su lugar se hubiera quedado un hueco de entrañas sangrantes que no parecen ir a cicatrizar.
Valor, muros más grandes cayeron, y seguimos en pie. Era necesario decirlo.
Ilustración de Francisco J. Hernández

domingo, 15 de junio de 2014

Y es aún más necesario...

Para continuar la estela no tan típica de la anterior entrada, ahora si, vamos a ponernos serios.
Volver es siempre una sensación agradable, pero a la vez rara. Después de haber estado tantos meses en una especie de universo paralelo, volver al mismo lugar donde al parecer se detuvo el tiempo en el momento en que te fuiste, es raro. Raro porque al volver, te das cuenta que no eres la misma persona, pero aquellos a los que dejaste aquí parecen no haberlo notado. O quizás es que tampoco eres tan imprescindible.
Pero sienta bien pisar suelo conocido. Y es aún más agradable pensar que cuando vuelvas allí, sentirás esta misma sensación de reencuentro. Porque habrá un reencuentro. O eso quiere hacerme creer mi cabeza, que todavía no asimila que aquella vida sencillamente se haya acabado.
Pensé sinceramente que iba a ser más difícil, que habría lágrimas y abrazos y nomeolvides. Pero es mejor así. Hay que saber despedirse con estilo y brevedad. Creo que el síndrome post-erasmus irá llegando lentamente, cuando empiece a notar que esto no son las vacaciones de navidad, que no habrá un "go back". Aún tengo demasiado frescos todos los recuerdos y las personas, y tengo la sensación de que mañana volveré coger el metro para ir a la ESAD y escucharé a los profesores hablar en portugués, que el lunes veremos juego de tronos con palomitas, y el jueves iremos a Tendinha a tomar una cerveza de tranquis que se convertirá en una noche de fiesta. El sábado iremos al Flea Market, y si hace bueno, a la playa a jugar al Volley. Por la noche oiré pasar a los trenes una y otra vez, y me asomaré a la ventana, que está siempre abierta, a refrescarme con la brisa nocturna.
Pero ahora solo reina el ruido monótono del ventilador sobre un silencio artificial.
La vida me dio la oportunidad de descubrir que existía otro universo, de vivir en él y empaparme de todo lo bueno que tenía, me dio la fuerza para tirarme a una piscina que no sabía si estaría vacía o llena, no sin pasar mucho miedo en el acto. Y al final aquí estoy, en el mismo sitio donde comencé esta aventura y con una especie de resignación-melancolía-optimismo que me da un nosequé que queseyó.
No cambiaría este curso por nada del mundo. Ha merecido la pena, si señor. Y me llevo unos amigos que son de campeonato. De hecho, se merecen un premio por convivir con mi persona, y el desastrismo asociado a ella. No necesito mencionar nombres, ustedes saben quienes son y de qué maneras habéis contribuido a la felicidad oporteña de esta menda.
Solo queda decir, nos volveremos a ver! tened por seguro que así será, este planeta es demasiado pequeño!

Vistas desde la ventana. La estación, la lluvia y el rio

sábado, 14 de junio de 2014

Es necesario...

Después de este año simplemente indescriptible de Erasmus en Porto toca decir adios. Y lo típico sería escribir una emotiva carta nombrando a todos los amigos inolvidables que he hecho, contando anécdotas y experiencias que me han marcado, y por último poniendo unas palabras de aliento-motivación-emoción para culminar con una llantera digna de un neonato.
Y eso es justamente lo que voy a hacer, hoy voy a dejarme llevar por mi lado mainstream y os voy a hacer llorar casi tanto como yo. Es broma.

 "Today, is not the day I cry" 


Y como nuestro amigo Oberyn, seguramente falle estrepitosamente en mi cometido. Pero eso es una historia que os contaré otro día.

domingo, 8 de junio de 2014

En obras

Bueno, pues si estás leyendo esto te habrás dado cuenta que el blog tiene una pinta un poco diferente. De momento estoy en proceso de investigar y probar distintos diseños y algunas locuras de mi cabeza, pero una cosa está clara, "made un Irene" o "made in yo" dejará de ser el nombre de este blog, ya que por fin creo haber encontrado uno con el que me siento del todo a gusto y que, creo, puede recoger bien esta mezcolanza de cosas que escribo. 
Puede que de vez en cuando veáis cosas raras, no os preocupéis, estamos en obras.
Sin prisas.

sábado, 7 de junio de 2014

Hola

En realidad, hoy no vengo a hablaros de amor ni de rabia. Ni de ansiedad, ni de pasión, ni de miedo. Hoy no es de esos días en que me hundo en el pozo de mis miserias, ni de los que estallo en una euforia desmedida. Hoy estoy aquí para hablaros de un abrazo. Un abrazo que todavía no sucedió, pero que siento en mi carne como si ya hubiese pasado y aún no se hubiera detenido. Un abrazo que duraría meses, pero que se pasará en solo unos segundos. Un abrazo que ya me quema, y a la vez me da la paz que necesito. Un abrazo de ansiada calma, de calor infinito. Un abrazo que cuando llegue ya solo será recuerdo. Necesario y distante, uno de esos en que no sabes donde encajar tus brazos por los nervios, pero que cuando encuentran su lugar, parece que debieran quedarse allí eternamente. Un abrazo que casi parece ya vivido, de tantas veces imaginado. Un abrazo, que quizás no sea para tanto.

jueves, 22 de mayo de 2014

En busca del puro acontecer

No os vengais arriba, ese título tan sugerentemente intelectual lo he copiado de algo que acabo de ver en internet, pero que me ha resultado tan inspiradoramente magnánimo que he decidido escribir acerca del susodicho, solo por el mero placer de repetirme esas hermosas palabras. Y es que, desde la perspectiva distorsionada del que anda afectado por los vapores etílicos, ese puro acontecer, ese increíble aquí y ahora se vuelve increíblemente real y tangible, hasta el punto en que escribir una oda al presente es lo mínimo que se puede hacer para mantener vivo el recuerdo efímero de un instante, de un sentimiento, de un estado de ánimo. Es el acontecer silencioso de los segundos lo que hace que nos sintamos realmente vivos. Porque, solo por unos breves instantes en los que te encuentras embriagado por la sinceridad de las palabras, eres realmente libre. Libre de expresar tu yo más infinito, libre de dejar salir todo lo que no está permitido entre personas, libre de ser incoherente hasta el punto de no saber cuando empecé, ni cuando quiero terminar, pero eso es lo hermoso. Esa incoherencia totalmente libre, libre de mi mente racional, libre de mis influencias autoimpuestas, libre de moral, libre de aprendizajes sobre lo políticamente correcto. Quien dice que no conoce la libertad, es que no se sentó frente a un papel en blanco. Crear nos hace libres. Crear con ahínco, crear un arte nuestro e intransferible. Nuestra propia esencia más desconocida, plasmada en un espacio blanco. Es respirar profundo, y sentir que el aire que respiras es tuyo y de nadie más. Que no te pueden privar de ese privilegio. Son las cosas mas pequeñas las que crean las montañas de las que están hechas los sueños más ambiciosos. Es parar y decir, "no me importa a donde voy, simplemente voy disfrutando el camino, voy sintiendo fluir libremente cada palabra que mi evolucionado cerebro provoca. Voy pisando cada segundo pasado con el recuerdo de uno nuevo. Voy escalando montañas de incertidumbre, pero alegre. Despojada de todo miedo, es cuando realmente podemos permitirnos crear limpiamente. Limpiamente en libertad de nuestra propia mente, de nuestras propias cadenas.

domingo, 11 de mayo de 2014

Volver

Volveremos a mirar las nubes
volveremos a ser niños de nuevo
volveremos a ilusionarnos con las cosas pequeñas
y las grandes.
Grandes como nosotros, como el cielo
que se extiende infinito, solo para nuestros ojos.
Volveremos a reirnos y a llorar,
a hacernos cosquillas, a respirarnos
a abrazarnos en el agua
a sentir las caricias del tiempo
sin dejar en nosotros huella.
Volveremos a pasar tardes, y noches
y mañanas, y madrugadas.
Volveremos a brindar con la misma cerveza.

Volveremos y seguiremos.
Pero hasta entonces, 
me basta con aspirar flojito y despacio.
Y saborear cada pizca del tiempo
que nunca será en vano.