domingo, 1 de noviembre de 2015

Poema rabioso

Rabia.

Rabia, de tener que ir luchando
contra cada esquina,
contra cada mente mal doblada,
contra cada idea 
absurdamente inculcada
por la cultura, o eso dicen,
más bien por la ignorancia.

Rabia,
rabia de saberme tan sola
en un camino de clavos ardiendo,
de tener que derribar rascacielos
solo con palabras y argumentos,
rabia de no tener el don de los sabios,
rabia de no poder dejarlos a todos sin palabras,
bien callados.

La rabia me cegó la mente 
y me cerró la boca. 
Ahora solo quiero explotarles encima
sin justificarme,
sin sentirme culpable,
sin censurarme,
ahora quiero 
que ellos me sientan rabiosa,
que sientan lo que siento yo
cuando les oigo soltar mierda por la boca.

Rabia de no poder darles lo que se merecen,
de que sigan por la vida
tan tranquilos,
alegremente.

Rabia, 
de verlos alejarse,
sin inmutarse,
sin que mi odio les salpique
y mis palabras les reconcoman la mente.

Rabia de no tener una espada
que luche a mi lado,
de saberme tan sola,
condenada al fracaso.

Rabia de que no sepan que les escribo
que les tengo en mi retina,
grabados,
como a un puñado de estúpidos,
ignorantes,
que no se pararon
a pensar en su vida
ni dos putas veces,
ni les enseñaron a tener empatía,
a pensar con sus propias mentes.


Serán los padres de otra generación perdida,
generación sin seso,
generación sin luces,
generación de toros y cruces.
Generación con resaca
de una vida que no merecen.

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