Rabia.
Rabia, de tener que ir luchando
contra cada esquina,
contra cada mente mal doblada,
contra cada idea
absurdamente inculcada
por la
cultura, o eso dicen,
más bien por la ignorancia.
Rabia,
rabia de saberme tan sola
en un camino de clavos
ardiendo,
de tener que derribar rascacielos
solo con palabras y argumentos,
rabia de no tener el don de los sabios,
rabia de no poder dejarlos a todos sin
palabras,
bien callados.
La rabia me cegó la mente
y me cerró la boca.
Ahora
solo quiero explotarles encima
sin justificarme,
sin sentirme culpable,
sin
censurarme,
ahora quiero
que ellos me sientan rabiosa,
que sientan lo que
siento yo
cuando les oigo soltar mierda por la boca.
Rabia de no poder
darles lo que se merecen,
de que sigan por la vida
tan tranquilos,
alegremente.
Rabia,
de verlos alejarse,
sin inmutarse,
sin que mi odio les salpique
y mis
palabras les reconcoman la mente.
Rabia de no tener una espada
que luche a mi lado,
de saberme
tan sola,
condenada al fracaso.
Rabia de que no sepan que les escribo
que les
tengo en mi retina,
grabados,
como a un puñado de estúpidos,
ignorantes,
que no
se pararon
a pensar en su vida
ni dos putas veces,
ni les enseñaron a
tener empatía,
a pensar con sus propias mentes.
Serán los padres de otra generación perdida,
generación sin
seso,
generación sin luces,
generación de toros y cruces.
Generación con resaca
de una vida que no merecen.