miércoles, 4 de mayo de 2016

Tiempo.

Odio las noches silenciosas con esa calma que parece indicar que el tiempo se ha parado, cuando en realidad sigue reptando por las paredes, haciendo que el cielo se vuelva cada vez más negro. Cuando freno y miro alrededor es cuando realmente tomo consciencia de que todo se mueve a un ritmo aterrador. Me asustan las manecillas del reloj y me dan miedo los atardeceres, porque solo suceden cuando el tiempo se escapa. Me angustia el vaivén de las palmeras al mecerlas el viento, los coches que pasan a toda velocidad por la avenida, los pasos por la acera. Tic tac. Tic tac. Vuelve a pasar y yo no me doy cuenta.


martes, 26 de abril de 2016

Responsabilidad

Parafraseando al entrañable tío Ben, suele decirse que gran poder conlleva una gran responsabilidad. Los diseñadores gráficos pocas veces puede decirse que gocemos de un gran poder en el proceso de lidiar con nuestros clientes, ya que nuestro rol suele ser el de una dependencia enfermiza, al mismo tiempo que una lucha improductiva en la que diseñador y cliente tratan de tirar cada uno hacia un lado de la cuerda. Esta es una situación en la que todos hemos estado en algún momento de nuestra experiencia laboral, y en la que normalmente salimos perdiendo los diseñadores, principalmente porque en última instancia, es el cliente quién nos da de comer. Y todos, por muy diseñadores que seamos, necesitamos comer.
Los diseñadores gráficos siempre hemos mantenido esa lucha interna entre resignarnos a ser mercenarios y aspirar a colarnos en las páginas de la historia para cambiar su curso.
Pierre Bernard habla sobre la labor social del diseñador gráfico, y cómo ésta va intrínseca a su condición de artista. Es ingenuo pensar que un diseñador es solo un mero solucionador de problemas , al igual que es absurdo afirmar que el sexo solo sirve para reproducirse.
En plabras del autor anteriormente citado "Una de las labores sociales más importantes del diseño gráfico es ampliar el horizonte cultural del público al que va dirigido."

Dentro de las limitaciones y los requerimientos que nos imponen los clientes, los diseñadores siempre tenemos un margen para pensar por nosotros mismos, ser conscientes del impacto que va a tener nuestro trabajo de cara al mundo exterior y ser capaces (o no) de generar un discurso que no solo haga comprar al consumidor, sino que también lo haga pensar. Hasta en el más vulgar de los ámbitos en los que se aplica el diseño gráfico en nuestro día a día, tenemos la capacidad de influir en la forma en que está construida la sociedad e invitar al pensamiento crítico o a la reflexión.  Tenemos un gran poder de influir en los receptores de nuestras creaciones , por lo tanto, tenemos una enorme responsabilidad de tratar que nuestro diseño sea lo más ético y social posible.  Claro está, podemos diseñar sin tener en cuenta ninguna  de estas consideraciones, podemos crear contenidos espectaculares que ayuden a nuestros clientes a vender más y más, sin intentar trascender en la conciencia social. Podemos elegir eludir nuestras responsabilidades, igual que un padre puede abandonar a su hijo, o que un compañero de piso decide no fregar sus platos. Es nuestra elección como personas, pero nuestra responsabilidad como creativos.