Aún me siento acurrucada, pensando que me despertaré y seguiremos caminando de la mano, sin llegar a comprender qué ha pasado y en qué momento el decaer se volvió irreversible, o si es que en realidad solo retrasábamos algo que tenía que suceder, como una enfermedad que te va matando lentamente. Todavía no me creo a mí misma, pero el dolor me hace saber que hemos hecho lo correcto, y de la mejor manera posible.
Ahora debemos seguir aprendiendo, debemos continuar con la cabeza alta, pero mi negación me dice que esto es solo un paréntesis, una bifurcación de caminos que algún día volverán a encontrarse. Siento como si me hubieran vaciado el pecho con una de esas herramientas para servir helado, y en su lugar se hubiera quedado un hueco de entrañas sangrantes que no parecen ir a cicatrizar.
